Un grupo de investigadores del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (Secos), en el que participa la Pontificia Universidad Católica de Chile como institución principal, y también el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), realizaron un estudio en el que estimaron la pesca anual ilegal del loco, realizada por personas externas a las organizaciones o sindicatos que gestionan las áreas de manejo y explotación de recursos bentónicos.

El loco (Concholepas concholepas, por su nombre científico), es un molusco bentónico que habita en fondos rocosos, entre los 0 y 50 metros en las costas de Chile y Perú. Por su sabor, se ubica entre una de las especies más valoradas por la gastronomía nacional e internacional, llegando a los mercados asiáticos y de Norteamérica.

Sin embargo, de acuerdo al Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), su alto precio de compra hace que este molusco sea frecuentemente explotado de manera ilegal, lo que trae graves consecuencias para la sostenibilidad de esta pesquería y, a su vez, de las Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (Amerb), en las que organizaciones de pescadores artesanales han co-gestionado este recurso a lo largo del país, durante los últimos 20 años.

En esta línea, el papel titulado “Estimaciones de Pesca Ilegal de Líderes de Asociaciones de Pesca Artesanal en sus Áreas de Manejo Exclusivas“, publicado en la revista Frontiers in Marine Science, da cuenta de la investigación exhaustiva realizada en 100 áreas de manejo ubicadas entre las ciudades de Tal Tal (Región de Antofagasta) y Ancud (Región de Los Lagos).

El estudio además de contener percepciones de los líderes de las asociaciones de pescadores artesanales sobre la pesca ilegal, realizada en sus áreas de manejo por personas externas a ésta, también explica qué determina la realización de esta actividad ilegal y proporciona información para priorizar oportunidades para abordar la pesca ilegal en las pesquerías a pequeña escala co-gestionadas.

“El problema de la pesca ilegal en áreas de manejo (Amerb), es un problema complejo que requiere múltiples miradas y aproximaciones para avanzar hacia su resolución. Uno de los elementos para avanzar, como complemento a las acciones de fiscalización que tienen que realizar los servicios de gobierno, es fortalecer las capacidades de automonitoreo, autocontrol, desarrollo de tecnología y la generación de incentivos para que sean las propias comunidades que puedan establecer sistemas de vigilancia dentro de sus áreas de manejo. Avanzando en esta mirada integral, podemos ir reduciendo o controlando de alguna manera este fenómeno de la pesca ilegal en las áreas de manejo”, explica el académico de la Universidad Santo Tomás e investigador Secos, Rodrigo Estévez, coautor del paper.

El académico de la Facultad de Ciencias Biológicas y también coautor del paper, Stefan Gelcich, refuerza la idea: “A través de las áreas de manejo, los pescadores artesanales ya han hecho su parte. Aquí estamos en un modelo de co-manejo, donde hay distintos actores que tienen que cumplir diferentes roles. Uno de esos actores es el Estado, que tiene que tener un rol importante en la fiscalización, lo que ha tenido dificultades. Estamos ante una piedra de tope en donde, si no hacemos efectivo el co-manejo, como el apoyo del Estado a los pescadores que están cuidando sus áreas, corremos el riesgo que un buen sistema de gestión colapse”.

“Tanto las capacidades para la fiscalización o el apoyo tecnológico para ello, como el apoyo jurídico para las sanciones, necesitan fortalecerse”, finaliza el también director del Instituto Milenio Secos.

Más detalles en la nota del Instituto Secos.

Fotografía: Instituto Milenio Secos.