Desde hace algunos años cada 29 de septiembre conmemoramos el Día Marítimo Mundial, efeméride en la que reconocemos el inmenso valor que tienen la navegación y el transporte marítimo de océanos y mares en nuestras vidas. Desde la curiosidad por explorar continentes hasta las más recientes e inverosímiles dificultades logísticas causadas por el COVID-19, sin duda que el transporte marítimo es y seguirá siendo clave para el desarrollo humano. Tanto así que representa el 80% de todos los intercambios comerciales a nivel mundial. Entonces, ¿para qué celebrar algo tan cotidiano? Precisamente por la urgente necesidad de generar innovaciones para garantizar esta actividad de manera sostenible.

Hoy, la mayor parte de la carga se transporta gracias a combustibles fósiles particularmente contaminantes, lo cual presenta grandes desafíos en materia de eficiencia energética y descarbonización. Paralelamente, hay una necesidad imperiosa por asegurar y gestionar eficientemente el transporte marítimo, crear infraestructura sostenible y estándares de clase mundial. Todo lo anterior implica que no solo debemos mejorar los diseños y tecnologías asociadas: debemos considerar toda la riqueza y complejidad de datos arrojados por miles de sensores, estaciones de monitoreo, sistemas de navegación, entre muchas otras fuentes; para dar cabida a mejoras sustantivas, para una mejor toma de decisiones de manera holística.

Gracias al progreso del data science y tecnologías de monitoreo satelital de la Tierra, hoy es posible acceder a información en tiempo real acerca de nuestros océanos, de la posición y situación de navíos o del estado de rutas marítimas, por lo demás, durante muchos años de observación que hoy nos permite ver la evolución de todas las condiciones anteriores. Así, no solo podemos medir indicadores asociados al cambio climático; podemos inferir y generar escenarios, estudiar y anticipar medidas junto con sus impactos de mejor manera. Hace algunos años, el gobierno australiano emitió un informe para la colaboración económica Asia Pacífico (APEC) en el que el impacto de estas informaciones es del orden de miles de millones de dólares.

Chile, de la mano de Fundación Data Observatory, iniciativa público, privada y académica sin fines de lucro, ideada inicialmente para aprovechar los avances algorítmicos y tecnológicos asociados a la inmensidad de datos provenientes de observatorios astronómicos en nuestro país, ha trabajado arduamente para almacenar, procesar, curar y disponibilizar múltiples fuentes datos asociados a nuestros mares. Por ejemplo, hoy es posible acceder a 38 años de datos satelitales desde un computador personal gracias al reciente proyecto DataCube, o proveyendo información georeferenciada de cuotas de pesca, o incluso de aquellos de la lectura del fondo marino de Magallanes. Estos datos son disponibilizados a investigadores de todo el mundo, de modo que accedan a información analizada y procesada, y así promover el I+D+i con datos chilenos.

Próximamente, Chile será sede de la Océan Hackathon junto al Campus Mundial del Mar y al Instituto Francés de Investigación en Ciencias y Tecnologías Digitales (Inria), que busca resolver desafíos globales asociados al mar. Este tipo de iniciativas son capaces de poner a prueba las habilidades y la creatividad del capital humano especializado en la materia en conjunto a expertos en datos en Chile, conformando comunidades colaborativas y evidenciando el poder de los datos como capital de innovación.

Así, y al igual que hace cientos de años, el futuro de la navegación se vuelve a conectar con la observación del espacio, pero esta vez a través de los datos.

Fotografía: Fundación Data Observatory.