Recientemente la Revista de Acuicultura de la FAO publicó un artículo sobre el proyecto GEF “Fortalecimiento de la gestión y la gobernanza para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad de importancia mundial en los ecosistemas marinos costeros en Chile”, escrito por José Aguilar-Manjarrez y Manuela Erazo Bobenrieth de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe y Felipe Paredes Vargas del Ministerio del Medio Ambiente.

En la publicación se expone la importancia de los ecosistemas marinos y costeros de Chile y como su biodiversidad contribuye en gran medida al desarrollo económico del país, cuya economía depende en gran medida del sector de la producción primaria y de los recursos naturales y ambientales, entre ellos la pesca y la acuicultura.

Sin embargo, se señala, el litoral chileno ha estado sometido a crecientes impactos de diversas actividades antropogénicas que ha impactado en degradación de los hábitats y su biodiversidad asociada, incluyendo una disminución sostenida de las principales poblaciones de peces, lo que repercute en los medios de subsistencia de las comunidades costeras que viven de estos recursos.

En el artículo se especifica que existen tres barreras principales para el fortalecimiento de la gobernanza marina y costera en Chile. La primera tiene relación con las debilidades del marco institucional, incluyendo la falta de coordinación interinstitucional y las limitaciones de las capacidades organizativas públicas, privadas y de la sociedad civil para gestionar los ecosistemas marinos costeros.

La segunda se refiere a las limitaciones de capacidad a nivel local para la planificación y la participación de la comunidad para el desarrollo de mecanismos operativos y la implementación de una adecuada gestión y gobernanza de los ecosistemas marinos costeros basada en una visión compartida del territorio

Y la tercera a la falta de incentivos al desarrollo productivo y de mecanismos de financiación relacionados con nuevos bienes, productos, servicios y modelos de negocio para la conservación y el uso sostenible de ecosistemas específicos y de la biodiversidad marina costera predominante.

Por ello, para superar las barreras mencionadas, la FAO propuso este proyecto ejecutado por el Ministerio del Medio Ambiente, en conjunto con el Ministerio de Bienes Nacionales, la subsecretaría de Pesca y Acuicultura, la subsecretaría de las Fuerzas Armadas, la subsecretaría de Desarrollo Regional y el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura que está siendo implementado por la FAO con fondos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial.

El proyecto se basa en tres pilares fundamentales

El primero consiste en un modelo participativo de gobernanza y gestión a nivel local, regional y nacional, basado en una fuerte comunicación y colaboración entre los actores públicos, privados y de la sociedad civil, para garantizar el uso sostenible de los ecosistemas costeros y marinos,

El segundo pilar en un programa de desarrollo de capacidades a nivel local, municipal, regional y nacional para garantizar la gestión responsable de los ecosistemas mediante el empoderamiento de las organizaciones públicas, privadas, comunitarias y de la sociedad civil y la creación de un entorno propicio para la conservación y el uso sostenible de los ecosistemas marinos y costeros y de la biodiversidad.

Y el tercer pilar en un enfoque basado en los ecosistemas y una estrategia de economía azul para reforzar la participación activa de las partes interesadas y las comunidades locales en los dos sitios piloto, y fomentar el desarrollo de planes de gestión, así como de prácticas y tecnologías que incorporen la conservación y el uso sostenible de los ecosistemas y la biodiversidad.

El papel del desarrollo de la acuicultura

En el artículo se indica que el desarrollo de la acuicultura de pequeña escala representa una oportunidad para la diversificación productiva de los pescadores artesanales en los sitios piloto del proyecto; es una tecnología compatible con la conservación de la biodiversidad y una estrategia para reducir la vulnerabilidad de la pesca artesanal al cambio climático. Sin embargo, para llevar a cabo estas actividades, las organizaciones pesqueras deberán contar con la autorización de Subpesca, lo que requiere un análisis técnico, y los pescadores deberán ser capaces de asumir el reto (sobre todo cultural) de transformarse de pescadores a acuicultores de pequeña escala.

Los actores no públicos también participan en el uso de la zona costera y la explotación de los recursos del ecosistema marino costero en las áreas de intervención seleccionadas, como las empresas de cultivo de salmón en el sitio piloto del sur. El salmón de los centros de cultivo aportan potencialmente soluciones al sistema alimentario al contribuir con una fuente de alimentos ricos en nutrientes a dietas que cumplen las recomendaciones dietéticas mundiales.

Sin embargo, en el artículo se expone que quedan por abordar cuestiones sociales y medioambientales y otros intereses contrapuestos, por lo que es importante mejorar la concientización pública sobre la acuicultura promoviendo un diálogo más abierto y amplio que aumente la transparencia del sector para identificar soluciones, situar la acuicultura en una perspectiva más amplia comparando los beneficios e impactos de todas las actividades que existen en los lugares piloto y  garantizar que la cría de salmón cumple las directrices y normativas establecidas por los organismos gubernamentales -así como los acuerdos establecidos a través de un proceso de planificación espacial marina y costera- para minimizar los conflictos entre actividades y maximizar los beneficios, garantizando al mismo tiempo la resiliencia de estos ecosistemas.

Si desea leer el artículo completo ingrese en el artículo sobre Proyecto GEF de la FAO. 

Fotografías: FAO