Desde hace alrededor de seis años, Rodrigo Rosales, gerente de Planta de Sudmaris Chile S.A., figura como presidente de la Asociación de Mitilicultores de Chile (AmiChile), gremio que agrupa a numerosos mitilicultores, principalmente, de la Isla de Chiloé (región de Los Lagos). Durante estos años, el ejecutivo ha sido testigo y a la vez uno de los impulsores de la evolución que ha tenido este sector, que hoy se posiciona como la segunda actividad acuícola más importante del país, después de los salmónidos, y el segundo productor mundial de mejillón, después de China.

¿La clave del éxito? “Por una parte está la oportunidad que se creó a partir de una demanda insatisfecha debido a la disminución de la producción de mejillón en Europa ocurrida en los inicios de la industria chilena, que fue bien aprovechada por los inversionistas españoles que llegaron al país a inicios del 2000 y, luego, por inversionistas nacionales que siguieron el mismo rumbo. Luego, en 2011, comenzamos con una campaña de marca sectorial en Rusia, que convirtió a este país, en pocos años, en uno de los mercados para importantes para nuestro producto”, explica el representante de AmiChile.

A lo anterior, dice Rodrigo Rosales, se deben sumar los excelentes atributos del mejillón chileno en términos de calidad, valor nutricional y sustentabilidad, que han hecho posible que el país se presente en los mercados con un producto saludable, orgánico y trazable, que es producido en las frías aguas de la Patagonia chilena y que se ofrece a un precio bastante conveniente. “Claramente, esta industria también se benefició de la infraestructura de servicios y proveedores, además de la existencia de profesionales, que ya existía en la zona producto de la acuicultura de peces; esto, sin duda, facilitó su desarrollo”, dice dirigente.

Pero, ¿cuáles son los desafíos que persisten hoy en la mitilicultura chilena?

El principal desafío, a mi juicio, es la diversificación de mercados y productos que debiese permitir a la industria desconcentrar la oferta que sigue mayoritariamente concentrada en Europa y, de ese modo, levantar los precios que por años han mantenido al negocio con rentabilidades nulas o mínimas. Esta es una industria con potencial para crecer y que puede ofrecer un producto de altísima calidad a un mundo que cada vez más demanda alimentos saludables de origen marino.

También existen otros múltiples desafíos en varios ámbitos, tales como la masificación de tecnologías en segmentos de productores medianos y chicos, investigación y desarrollo, capital humano, certificaciones internacionales y normativa, por nombrar algunos.

De igual forma, para AmiChile es relevante lograr que el consumo de nuestros productos a nivel nacional se incremente y que las familias chilenas y nuestra gente del sur en general consuman mejillón o chorito, identificándose con el producto, especialmente las comunidades de los sectores en donde éste se produce. Aquí, me gustaría destacar que el producto ya forma parte de la dieta de los estudiantes de la Isla de Chiloé, luego de haberlo introducido en Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), la que tiene el plan de ampliar la cobertura geográfica al resto de la región de Los Lagos y luego al país. Este logro, alcanzado gracias al apoyo del Programa Estratégico de la Mitilicultura de Corfo, es muy significativo.

A partir de 2015, los pescadores artesanales que tienen Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos pueden realizar cultivos acuícolas ocupando hasta un 40% de sus espacios. Eso significa, por ejemplo, que quienes hasta ahora se han dedicado a la recolección de semillas podrían comenzar a realizar el ciclo completo. ¿Qué le parece este panorama?

Una de las características de esta industria es el valor social que posee y que radica en el hecho de que la cadena de valor está formada por actores de distintos segmentos y tamaños, que incluyen desde pequeños productores de semillas y engorda hasta productores industriales que integran la producción, procesamiento y exportación a los mercados internacionales, donde los primeros son proveedores de los segundos y todos aportan al desarrollo de la industria y el país. En ese sentido, no vemos como una amenaza la situación descrita, porque esto ya forma parte de la industria actual. La actividad es abierta, excepto por la moratoria que existe hasta el 2025 para la entrega de nuevas concesiones de acuicultura que, obviamente, no permite el ingreso de nuevos centros de producción.

Ahora, debe tenerse presente que el aumento de la producción más allá del nivel que define la demanda del producto, ocasiona efectos indeseados, como la caída en los precios de compra de materia prima y venta de producto terminado y ese balance debe cuidarse. Igualmente, hay que tener en consideración que el mercado tiene exigencias crecientes en términos de calidad y certificación de los productos, lo que impone desafíos a los productores nacionales.

Respecto de la Ley de Mitílidos, ¿cuáles son los principales temas que los mitilicultores esperan que sean incorporados?

El proyecto de Ley de Mitílidos fue recientemente aprobado en la Cámara de Diputados y ahora pasa al Senado. Esta ley contiene dos elementos principales, que son la relocalización de concesiones de mitílidos, que deben permitir el ordenamiento territorial de la actividad, y los permisos especiales para la captación de semillas que vienen a reemplazar los permisos transitorios que por años se han otorgado para la colecta y que no tienen el peso jurídico equivalente a otras destinaciones marítimas y, por ello, pone a este eslabón de la cadena en desventaja frente a otros usuarios del borde costero.

En su conjunto, la industria ha planteado al Ejecutivo y a la Comisión de Pesca de la Cámara de Diputados diversas observaciones que buscan el perfeccionamiento del proyecto de ley, entre las cuales se encuentra la solicitud de mantener el carácter indefinido de las concesiones de acuiculturas relocalizadas; otorgar preferencia a los captadores de semillas históricos, es decir, a aquellos que han operado desde el año 2000 a la fecha; permitir los sistemas de fondeo de las líneas de producción en áreas adyacentes a las concesiones otorgadas; la preferencia de la relocalización de concesiones de mitílidos sobre otras destinaciones marítimas; la ampliación y resguardo de los sectores de captación originalmente considerados en el proyecto; y la flexibilización de los procesos para modificar proyectos técnicos en concesiones que esperan ser relocalizadas. Algunas de estas propuestas ya fueron aprobadas en la Comisión y otras esperan ser analizadas en el Senado.

Es importante que los congresistas que tienen la responsabilidad de analizar y aprobar el proyecto se informen adecuadamente, desde los actores relevantes de la actividad, de la importancia de los planteamientos que hemos hecho y que buscan obtener un cuerpo legal ajustado a las reales necesidades del sector.

Los avances tecnológicos están a la orden del día. ¿Qué tipo de mejoras o innovaciones cree que se podrían aplicar a la industria del mejillón?

La implementación de avances tecnológicos para optimizar las operaciones es un objetivo de cualquier actividad productiva y la mitilicultura no puede estar al margen de esto. De hecho, tanto por la búsqueda de optimización de operaciones como por el escenario de escases de mano de obra que hay en la región, algunas empresas procesadoras ya han incorporado tecnologías de selección óptica a los procesos de selección de mejillón congelado, así como de envasado automático de producto y posiblemente a futuro, algunas podrán incorporar robótica a actividades realizadas en condiciones de frío, como el paletizado de cajas en frigoríficos. Las técnicas para depuración de moluscos, a mi entender, no han resuelto aún el problema de escala y solo pueden abordar este tema a nivel de pequeños volúmenes de materia prima, por lo que no son aplicables a nuestra realidad. Y sobre cultivos offshore, no tengo antecedentes de que alguien esté pensando hoy en ello para el mejillón por los altos montos de inversión que se requieren.

Comunidad y futuro

Para la industria acuícola, especialmente salmonicultora, las relaciones con la comunidad han sido un constante desafío. La mitilicultura parece tener una relación más estrecha con su entorno. ¿Es así? ¿Qué importancia tiene para ustedes trabajar en este sentido?

Este es un tema de vital importancia para la AmiChile puesto que, tal como lo planteé, creemos en el valor social de la actividad y debemos trabajar para mantenerlo e incrementarlo. De hecho, en un reciente trabajo de planificación estratégica del gremio hemos definido como un eje fundamental el relacionamiento con la comunidad de la que formamos parte y, por ello, ya hemos realizado algunas tareas que apuntan hacia allá. Primeramente, efectuamos un estudio de percepción para entender si la comunidad nos conoce y saber qué opina de nosotros. Además, recientemente, hemos formado un Comité de Comunidad y Medio Ambiente que será el encargado de definir los desafíos y tareas a realizar en materias tales como difusión de nuestra actividad, la generación de identidad entre industria y comunidad, el cuidado del entorno, la limpieza de playas y el manejo de residuos, así como también los procesos de generación de confianza con proveedores de materias primas, entre otros aspectos. Esta es una tarea de largo aliento y, para ello, quisiéramos también contar con el apoyo de los demás gremios mitilicultores.

Por último, ¿cómo ve el proceso de consolidación que se ha estado apreciando en la industria chilena del salmón? ¿Cree que podría pasar algo similar en la mitilicultura? ¿Sería favorable?

La industria salmonicultora tiene características distintas a la nuestras. De hecho, la composición social que muestra la mitilicultura y la cantidad de productores involucrados, que supera los 800 productores, de los cuales el 89% son Pymes, creo la convierte en una actividad como pocas en el país. Es posible que algún proceso de consolidación se de en el futuro, especialmente, en el segmento de productores-procesadores industriales, pero estimo que ello no debiese significar un cambio drástico en la configuración actual. Hoy, las plantas procesadoras se abastecen de materia prima de los medianos y pequeños productores en un porcentaje que fluctúa entre el 40% y 50% de su requerimiento, cifra importante y que les brinda una variedad de productos que destinan a las diferentes líneas de producción y diversidad de origen. Esto es muy útil y funcional a sus necesidades y asegura la continuidad de abastecimiento incluso en situaciones de contingencias ambientales, como la marea roja. Por ello, creo que la estructura actual de la industria tiene para largo tiempo.