La historia sanitaria de la salmonicultura en Chile se remonta a los años ‘80, cuando la industria emergente apenas comenzaba a consolidarse. En aquellos inicios, el conocimiento sobre enfermedades propias de sistemas de cultivo intensivo era muy limitado y el enfoque sanitario se centraba en un control reactivo, llevado a cabo de forma interna por los propios centros de cultivo. La ausencia de protocolos rigurosos y la falta de una normativa consolidada permitieron que, con el crecimiento acelerado del sector, surgieran desafíos sanitarios que afectarían gravemente la producción.
En los primeros años, la industria se enfrentaba a enfermedades que, aunque inicialmente de menor impacto, se convirtieron en retos significativos a medida que la biomasa crecía y se intensificaban las operaciones de cultivo.
Según relata a Revista AQUA, Alicia Gallardo Lagno, presidenta de la Comisión de Estándares Sanitarios para Animales Acuáticos y exsubsecretaria de Pesca y Acuicultura, “con la expansión de la industria, surgieron desafíos sanitarios como el Síndrome Rickettsial del Salmón (SRS), causado por Piscirickettsia salmonis, que requirió de tratamientos con antimicrobianos y del desarrollo de vacunas”.
Explica que “la mortalidad por enfermedades bacterianas, especialmente el SRS, sigue siendo un desafío persistente. Paralelamente, la caligidosis (Caligus rogercresseyi o piojo de mar) evolucionó de un problema manejable en los años ‘90 a una amenaza sanitaria de gran impacto debido a la resistencia a tratamientos químicos”.
Durante los 2000, el uso intensivo de benzoato de emamectina permitió su control, pero la resistencia se hizo evidente tras la crisis del ISA, lo que llevó a la adopción de estrategias de manejo integrado y sincronización de tratamientos. En la última década, la caligidosis sigue siendo un problema relevante que requiere un enfoque de control multifacético.
“En general, la salmonicultura chilena ha transitado desde un enfoque sanitario reactivo hacia un modelo más preventivo, basado en la regulación, la bioseguridad y la innovación tecnológica. Sin embargo, la sostenibilidad sanitaria sigue siendo un desafío clave para el futuro global de la industria acuícola”, explica.
Las palabras de Alicia Gallardo, permiten comprender que, previo al 2007, la industria contaba con un manejo sanitario básico. Las enfermedades como la Piscirickettsiosis (SRS) aparecían de forma puntual, sin que existiera un sistema integral de vigilancia o de respuesta rápida ante brotes. En ese contexto, en entrevista con Revista AQUA, la subdirectora de Acuicultura del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura, Mónica Rojas, explica que la Piscirickettsiosis (SRS) surgió por primera vez como enfermedad relevante “en el canal Huito a finales de los ‘80, pero en términos de evolución del punto de vista sanitario, sin duda la actividad ha estado marcada por la crisis de ISA de 2007”.
En esos años la industria también se vio afectada por brotes de otras enfermedades bacterianas, parasitarias y fúngicas, como el BKD, IPN, furunculosis, vibrosis y saprolegniasis y a principios de los ’90 la emergencia de SRS.
El director del Club de Innovación Acuícola de Chile, Adolfo Alvial, conversa con Revista AQUA explicando que “en sus inicios, la industria acuícola presentaba pocos desafíos sanitarios, como suele ocurrir en cualquier actividad de producción animal en sus comienzos. Sin embargo, el crecimiento del sector con el consiguiente aumento de biomasa, la importación de ovas y la debilidad de las medidas de bioseguridad permitieron la aparición de enfermedades que generaron gradualmente serios problemas en la salmonicultura”.
La falta de protocolos rigurosos y el desconocimiento de la dinámica de propagación de las enfermedades permitieron que, al aumentar la escala de producción, las contingencias sanitarias se volvieran más frecuentes y difíciles de manejar.
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Fotografía: Asociación de Salmonicultores de Magallanes