Si bien SRS y cáligus están considerados como los principales desafíos sanitarios de la industria chilena del salmón, en 2019 se comenzó a apreciar un fuerte interés también por la Enfermedad Bacteriana del Riñón (BKD), patología infecciosa causada por Renibacterium salmoninarum que ha presentado una creciente incidencia en los cultivos de peces en las regiones de Aysén y, sobre todo, Magallanes.

De acuerdo con lo descrito por el médico veterinario, Dr. Marcos Godoy, se trata de una enfermedad que se trasmite vía horizontal, a partir de peces infectados, y vertical, mediante las ovas provenientes de padres infectados. La patología, de curso crónico y sistémica, afecta principalmente al salmón coho (Oncorhynchus kisutch), salmón Atlántico (Salmo salar) y en menor medida a la trucha arcoiris (Oncorhynchus mykiss), con brotes que se presentan durante todo el año, tanto en agua dulce, estuario y agua de mar.

“En los últimos años, se ha observado un incremento en la frecuencia de la enfermedad, pérdidas asociadas a ella y aumento de centros afectados, constituyendo esto una alerta para el control”, ha expresado el especialista. Entre los signos externos que se presentan ante la presencia de BKD están la exoftalmia, oscurecimiento de la piel, branquias pálidas y hemorragia en aletas. A nivel interno, en tanto, pueden aparecer nódulos granulomatosos en el riñón y otros órganos. Para su tratamiento, en los centros de mar se utilizan antibióticos, como oxitetraciclina y florfenicol. También hay algunas vacunas disponibles.

Según lo informado en un seminario realizado por Aquagestión a mediados de 2019, en las regiones de Los Lagos y Aysén se han registrado bajas mortalidades a causa de BKD. No obstante, en la región de Magallanes, la situación se ha vuelto mucho más compleja en las últimas temporadas. Los brotes suelen ocurrir entre noviembre y febrero, pero en 2019 la ventana se expandió y se detectaron elevadas mortalidades entre febrero y abril. Es por esto que los salmonicultores están apreciando la necesidad de establecer un mejor monitoreo de la enfermedad, avanzar en la detección temprana y analizar mejores alternativas de tratamiento.

Investigando al enemigo

Pero, ¿cuáles han sido los avances científicos en esta materia? Uno de los principales trabajos que se publicaron en torno a BKD en 2019 es el de los autores Jörn Bethke, Eloisa Arias-Muñoz, Alejandro Yáñez y Ruben AvendañoHerrera -la mayoría de ellos vinculados a la Universidad Andrés Bello- titulado “Renibacterium salmoninarum iron-acquisition mechanisms and ASK cell line infection: Virulence and immune response”.

Según lo descrito en el resumen de la investigación, R. salmoninarum posee al menos tres mecanismos de adquisición de hierro, pero el vínculo entre estos y la virulencia no está claro. De esa forma, el estudio utilizó RT-qPCR para evaluar los efectos de las condiciones normales y limitadas de hierro en los genes de absorción de este elemento controlados por IdeR y relacionados con la adquisición de hierro en la cepa chilena H-2 y en la cepa tipo DSM20767T.

En este contexto, fue fuertemente evaluada la respuesta in vitro relacionada con el sistema inmune de la línea celular Atlantic Salmon Kidney (ASK), derivada del órgano primario afectado por BKD. Se pudo apreciar que R. salmoninarum crecía bajo condiciones de hierro limitado, sobreexpresó genes implicados en la absorción de hemina y el transporte de sideróforos, con una sobreexpresión significativamente mayor en H-2 en comparación con DSM20767T.

“Estos genes sobreexpresados resultaron en una alta citotoxicidad y una respuesta inmune aumentada en la línea celular ASK. Esta respuesta fue significativamente más alta contra la bacteria cultivada bajo condiciones de hierro limitadas, especialmente, H-2. Estas observaciones indican que los mecanismos de adquisición de hierro posiblemente estén muy relacionados con la virulencia y la capacidad patogénica de R. salmoninarum”, mencionaron los autores.

El trabajo concluye que los tratamientos que bloquean los mecanismos de absorción de hierro o la síntesis de sideróforos son enfoques terapéuticos atractivos para el tratamiento de R. salmoninarum, enfermedad que está causando pérdidas significativas en la industria del salmón.

Nuevo estudio epidemiológico

Si bien no está concluido, este 2019 también se dio inicio a un nuevo proyecto en el cual participan la Universidad Católica de Chile (PUC), la Universidad Austral de Chile (UACh), Hendrix Genetics, AquaGen, el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) y el Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal), de la Asociación de la Industria del Salmón de Chile A.G. (SalmonChile), el cual es financiado por Fondecyt Regular y pretende avanzar en la comprensión de los patrones moleculares y de transmisión de BKD junto con la identificación de los factores de riesgo asociados para establecer una bioseguridad efectiva.

Con un presupuesto de $133.823.970 para un tiempo de ejecución de tres años (abril 2019 – marzo 2022), se espera que esta iniciativa permita establecer estrategias de vigilancia para sistemas de producción con prevalencia variable, pero con una infección persistente de BKD.

Adicionalmente, según lo informado desde Intesal, el proyecto permitirá estimar la sensibilidad y especificidad de las pruebas diagnósticas utilizadas actualmente para la vigilancia de R. salmoninarum (screening), con el objetivo de evaluar la capacidad de las pruebas comerciales para la detección de la infección. De igual forma, se desarrollarán y estandarizarán definiciones de casos tanto para etapas de agua dulce como en mar, con el fin de identificar los factores de riesgo asociados a la tasa de incidencia de la enfermedad, a partir de resultados de las pruebas diagnósticas y de los signos clínicos.

Cuando se lanzó el proyecto, el gerente general del Intesal, Esteban Ramírez, comentó que es “una muy buena noticia que la investigación de frontera en temas de acuicultura siga siendo desarrollada y apoyada en Chile. Tenemos muchas ventajas como país e industria para liderar las ciencias asociadas a la salmonicultura, ambientes marinos y tecnología de cultivos y, con esto, resolver las brechas que tenemos. Por esa vía, no me cabe duda de que Chile logrará materializar la oportunidad que tiene de ser una potencia productora de proteínas marinas”.