En los últimos años, la industria elaboradora de alimento para peces ha dado enormes pasos, ofreciendo en la actualidad dietas de alto desempeño que han ayudado a mejorar considerablemente los resultados productivos, así como fórmulas reducidas en ingredientes marinos (harina y aceite de pescado), que han permitido al sector operar bajo un esquema más sostenible.

Según lo explicado por la investigadora del Instituto de Acuicultura de la Universidad Austral de Chile (UACh) –experta en nutrición–, Dra. Ana Farías, en la industria del salmón, gracias al gran conocimiento nutricional que existe sobre estas especies, sobre todo salmón Atlántico (Salmo salar), es que se ha podido llegar a las actuales dietas, caracterizadas por una alta energía a nivel balanceado para lograr el mayor ahorro de la proteína, manteniendo un alto crecimiento. De igual manera, “es el gran conocimiento fisiológico-nutricional, y el continuo desarrollo tecnológico en torno a procesos e insumos, lo que ha permitido contar con dietas que utilizan ingredientes de origen terrestre y biotecnológico que permiten aportar todos los nutrientes a los niveles que se requieren”.

El desafío, enfatiza, es avanzar hacia dietas de este tipo para otras especies de cultivo. La científica también llama a mantener una constante investigación sobre aquellos síntomas o eventos que se observan en la aplicación por largo plazo (toda la engorda) de estas dietas de última de generación. “Aquí la interacción multidisciplinaria entre las empresas y la UACh, así como otras universidades que realizan investigación, puede ser muy relevante”, sostiene. En esta edición especial sobre ciencia e investigación, AQUA quiso revisar algunos trabajos en el ámbito de la nutrición, que se han publicado en importantes revistas científicas durante el 2019 y que, sin duda, son un insumo importante para quienes diseñan, fabrican e implementan dietas para peces.

El impacto del fósforo

En septiembre de 2019 se publicó en la revista científica Aquaculture el artículo denominado: “Phosphorus nutrition in farmed Atlantic salmon (Salmo salar): Life stage and temperature effects on bone pathologies”, de los autores Thomas W.K. Fraser, P. Eckhard Witten, Sissel Albreksen, Olav Breck, Ramón Fontanillas, Leo Nankervis, Tarn Helgoy Thomsen, Wolfgang Koppe, Florian Sambraus y Per Gunnar Fjelldal, la mayoría de ellos noruegos.

Según lo explicado por los autores, la salud ósea es muy importante para una viable y sólida producción de salmón Atlántico y dos factores de riesgo para las deformidades vertebrales son la presencia de fósforo en la dieta, así como la temperatura del agua. Para ahondar en lo anterior, en el estudio se quiso explorar la interacción entre estos dos factores durante una producción completa de salmón Atlántico. Para ello, grupos de salmones fueron alimentados por cierto periodo de tiempo con dietas de bajo, medio o alto nivel de fósforo. También se incluyeron grupos adicionales para investigar los efectos de la temperatura del agua, probando, por ejemplo, 10°C versus 16°C (solo con dietas bajas y altas), así como el cambio de los niveles de fósforo en la dieta (de bajo a medio o alto, de medio a bajo o alto, y de alto a bajo o medio).

Durante el período de alimentación experimental, la dieta baja en fósforo causó una menor mineralización y rigidez ósea y una mayor prevalencia de deformidades vertebrales, en comparación con las dietas de fósforo medio y alto. Sin embargo, la prevalencia de peces gravemente deformados en la cosecha se redujo al cambiar de las dietas de fósforo bajo a medio o alto durante cuatro meses después de la transferencia de agua de mar, seguido de la engorda con alimento comercial estándar.

Al mismo tiempo, el cambio de una dieta media o alta a una baja en fósforo durante el mismo período después de la transferencia de agua de mar no tuvo ningún efecto sobre las deformidades vertebrales en la cosecha.

“La temperatura del agua más alta durante cuatro meses después de la transferencia al agua de mar aumentó la gravedad de las deformidades en la cosecha, independiente del fósforo en la dieta. Finalmente, el fósforo bajo en la dieta se asoció con un mayor daño en los filetes, debido al tejido conectivo ectópico alrededor de la columna vertebral, en la cosecha”, reportaron los autores.

En conclusión, el estudio determina que los niveles de fósforo en la dieta de 5 g kg−1 para los cuatro meses iniciales en agua de mar son un factor de riesgo mayor para patologías vertebrales si están precedidos por fósforo dietético bajo, pero no medio o alto, en agua dulce. Sin embargo, los niveles de fósforo en la dieta pueden no desempeñar un papel en las patologías vertebrales radiológicamente detectables inducidas por la temperatura. Bajo las condiciones de crecimiento y las composiciones dietéticas informadas, una combinación de 7.5-7.6 g kg−1 de fósforo soluble durante el agua dulce y 5.0 g kg−1 durante los primeros cuatro meses en agua de mar fue suficiente para la salud y el crecimiento óseo normal del salmón Atlántico.

Requerimientos de EPA y DHA

En diciembre de 2019, en tanto, fue publicado en Aquaculture un estudio llamado “Re-evaluating the dietary requirement of EPA and DHA for Atlantic salmon in freshwater”, de los autores C. Qian, B. Hart y S.M. Colombo, del Departamento de Ciencias Animales y Acuicultura de la Facultad de Agricultura de Dalhousie University, Canadá.

De acuerdo con lo explicado, el requerimiento de ácido EPA y ácido DHA se recomienda en 0.50-1.0% de la dieta seca para juveniles de salmón Atlántico. Sin embargo, las formulaciones comerciales actuales de alimentos acuícolas para esta especie tenderían a contener un exceso fisiológico de estos ácidos grasos.

El objetivo de este estudio fue reevaluar los requisitos de EPA y DHA del salmón Atlántico (parr) en agua dulce, desde que eso fue determinado hace 20 años, y cómo las formulaciones de alimentos y la producción de salmón han cambiado.

Este estudio evaluó el efecto de diferentes niveles dietéticos de EPA y DHA (0.25 a 2.0%) sobre el rendimiento del crecimiento, la salud general y el contenido de EPA y DHA en todo el cuerpo. El salmón (peso inicial de 22.6 g ± 1.2) se alimentó con cuatro niveles (0.25, 0.5, 0.75 y 2%) de dietas EPA + DHA durante seis semanas en agua dulce a 12°C.

Entre los resultados, se tiene que no hubo mortalidad durante la prueba y los peces casi duplicaron su peso después de seis semanas. Categóricamente, no hubo diferencias significativas discretas en el rendimiento del crecimiento entre los tratamientos después de seis semanas. Sin embargo, el aumento de peso se relacionó exponencialmente con los niveles de EPA + DHA de la dieta (p < .0001; r2 = 28.3%), y la relación de conversión alimenticia se relacionó inversamente.

En ambos casos, estas relaciones sugirieron que la asíntota se alcanza entre 0.25% y 0.5% de EPA + DHA en la dieta. Todo el cuerpo DHA y EPA mostraron relaciones lineales positivas con la dieta DHA (p <.001; r2 = 88.7%) y EPA (p <.001; r2 = 92.9%). Basado en el rendimiento de crecimiento y el contenido de ácidos grasos de todo el cuerpo, el salmón alimentado con una dieta que contenía 0,50% de dieta EPA + DHA exhibió un rendimiento de crecimiento y hematocrito similares con la dieta control (2%). Por lo tanto, en este estudio, 0.5% se considera el nivel más bajo requerido de EPA + DHA para salmón Atlántico (parr) en agua dulce.

Antinutrientes en la soya

Hace un tiempo se publicó, también en Aquaculture, el estudio “Removal of three proteinaceous antinutrients from soybean does not mitigate soybean-induced enteritis in Atlantic salmon (Salmo salar)”, de los autores –provenientes de Noruega y Estados Unidos– Åshild Krogdahl, Trond M. Kortner, Alexander Jaramillo-Torres, Amr Ahmed Abdelrahim Gamila, Elvis Chikwati, Yanxian Li, Monica Schmidt, Eliot Herman, Theodore Hymowitz, Sepehr Teimouri y Trond Storebakken.

En esta investigación se estudiaron los efectos del nuevo alimento a base de soya, Triple Null (TN), el cual está desprovisto de tres antinutrientes proteicos que suelen provocar inflamación intestinal en salmón Atlántico. Este fue comparado con su contraparte comercial (CSBM) y con concentrado de proteína de soja (SPC, por su sigla en inglés) en un nivel de inclusión del 25% de proteína cruda, utilizado como control negativo.

La investigación determinó, entre sus principales conclusiones, que Triple Null, comparado con su contraparte comercial, mostró similares condiciones en cuanto a valor nutricional. Se cree que la falta de efecto de la eliminación de los antinutrientes puede tener relación con que el proceso de extrusión utilizado para la producción de alimento quizá es suficiente para inactivar los antinutrientes proteicos. La eliminación de estos, por lo tanto, no afecta el valor nutricional para el salmón Atlántico.