En 2019 se pudo apreciar en Chile una alta preocupación por el piojo de mar (Caligus rogercresseyi), pues la presencia del parásito ha estado aumentando en los centros de cultivo de salmónidos del país. Según lo informado recientemente desde el Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal) de SalmonChile, el promedio, en los últimos meses, ha estado sobre los diez ejemplares por pez, casi el doble de lo registrado en 2017, aunque más bajo que las 20 unidades por pez que se registraron en 2013.

Esta situación ha llevado a que tanto las autoridades como la industria estén muy interesadas en encontrar nuevos métodos de control. Hoy, el principal principio activo utilizado es azametifos. Sin embargo, este fármaco ha estado perdiendo efectividad. Por ello, se ha estado trabajando fuerte para avanzar, por ejemplo, en la creación de vacunas contra el parásito, así como en nuevas terapias, ojalá no farmacológicas, que puedan ayudar a tener un manejo efectivo y más sustentable.

En esta cruzada, los salmonicultores han contado con el trabajo de decenas de investigadores que han estado estudiando incansablemente los detalles asociados al piojo de mar, dando importantes pasos para su manejo actual y futuro.

Aquí, fue de gran ayuda el Programa para la Gestión Sanitaria de la Acuicultura (PGSA), iniciativa público-privada que finalizó en 2019 con importantes avances respecto de SRS y Cáligus. En diciembre de 2019, en tanto, se realizó en Puerto Varas (región de Los Lagos) el I Congreso Chileno “Impactos y Estrategias de Prevención y Control de la Caligidosis en la Salmonicultura”, en el cual se presentaron una gran cantidad de trabajos relacionados con esta patología.

“Un hito para el país”

Sin duda, uno de los mayores hallazgos que se produjeron en 2019 respecto al piojo de mar en Chile fue el realizado por el equipo de investigación del Dr. Cristian Gallardo-Escárate, vinculado al Incar y a la Universidad de Concepción (UdeC), que logró descifrar el genoma del Caligus rogercresseyi; ello dentro del proyecto “Caligus Life”, desarrollado en el marco del PGSA y que buscaba comprender de manera profunda el ciclo de vida del parásito mediante diversos paquetes de trabajo.

De acuerdo con lo informado por el especialista, este avance constituye un hito para la ciencia nacional. “Esta es la primera vez que se secuencia una especie nativa en Chile, por parte de investigadores chilenos”, expuso, en conversaciones con AQUA durante el cierre del PSGA en septiembre pasado.

Pero, ¿cuál es la importancia de este logro? Conforme con Cristian Gallardo, lo más relevante es que esta información constituye un importante insumo para la generación de nuevos productos que permitan controlar el piojo de mar, como vacunas. De hecho, el grupo de investigación ligado al proyecto “Cáligus Life” ya ha estado trabajando en el tema. De acuerdo con lo detallado, se ha avanzado con bastante éxito en el desarrollo de prototipos de vacunas que logran reducir el parásito en los estados adultos. Sin embargo, hasta hace un tiempo, había resultado difícil afinar la reducción del piojo en los estados juveniles, que es donde los antiparasitarios no estarían mostrando buenos resultados. No obstante, los últimos productos probados han tenido buenos resultados en este aspecto. “Hemos logrado demostrar, con estos nuevos prototipos, que hay una reducción de los juveniles en los peces vacunados, con una ventana de protección de aproximadamente de unas 1.800 UTAS, es decir, unos cuatro o cinco meses”, manifestó el investigador.

Lo que viene ahora es intentar que estos conocimientos puedan derivar en productos que se puedan comercializar. Es por eso que se ha estado trabajando con empresas farmacéuticas que puedan ayudar a escalar la producción y, ojalá, en un futuro cercano, sacar algún registro. También se ha estado realizando gestiones con la autoridad para poder acceder a algunos registros provisorios o experimentales para probar los productos en campo, y ver si los resultados coinciden con lo obtenido en laboratorio. Se cree que, si todo camina bien, pronto la industria chilena del salmón podría contar con una vacuna efectiva contra este patógeno.

Relación con SRS

En 2019 también se publicó en la revista científica Preventive Veterinary Medicine, un artículo denominado “Caligus rogercresseyi infestation is associated with Piscirickettsia salmonisattributed mortalities in farmed salmonids in Chile”, de los autores Gabriel Arriagada, Christopher Hamilton-West, Omid Nekouei, Claudia Foerster, Marcela Lara y Cristian Gallardo-Escárate.

Según lo expuesto en el resumen, la Caligidosis y la Piscirickettsiosis son actualmente los desafíos sanitarios más importantes para la industria salmonicultora chilena, pues ambas son altamente prevalentes y ampliamente distribuidas en las zonas acuícolas del país. La coincidencia de las dos enfermedades se informa con frecuencia en las granjas de salmón. Sin embargo, existe poca evidencia epidemiológica sobre si estas dos enfermedades están asociadas y generan efectos interactivos.

Por lo anterior, los autores quisieron evaluar los posibles efectos de la infestación de C. rogercresseyi en la mortalidad atribuida a P. salmonis en salmónidos de cultivo en Chile. Utilizando un modelo de regresión lineal, se revisó la asociación potencial entre la abundancia media de C. rogercresseyi adulto en un período de diez semanas y la mortalidad acumulada por Piscirickettsiosis en las siguientes diez semanas, mientras se controlaban factores de confusión importantes.

Entre los resultados del estudio, se encontró que la abundancia media de C. rogercresseyi estaba significativamente asociada con la mortalidad acumulada de P. salmonis, lo que sugiere que las dos enfermedades tienen una relación sinérgica. Esta relación fue de la misma intensidad en salmón Atlántico (Salmo salar) y la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss). “Nuestros hallazgos resaltan la importancia de tomar medidas de control efectivas para C. rogercresseyi como parte de las estrategias implementadas para reducir la mortalidad atribuida a P. salmonis en granjas de salmón en Chile”, concluyeron los autores.

Cáligus en Magallanes

Otra publicación que se difundió en 2019 es la denominada “First report of the sea louse Caligus rogercresseyi found in farmed Atlantic salmon in the Magallanes region, Chile”, de los autores, G. Arriagada, V. Valenzuela-Muñoz, A.M. Arriagada, P. Núñez-Acuña, M. Brossard, K. Montecino, M. Lara, A. Gallardo y C. Gallardo-Escárate. De acuerdo con lo descrito, históricamente, C. rogercresseyi se ha distribuido ampliamente en las aguas costeras del norte de la Patagonia (40°15’S a 49°16’S), donde se encuentra cerca del 90% de la producción nacional de salmón. En 2017, en tanto, se detectaron piojos de mar en el salmón Atlántico de cultivo en la región de Magallanes (al sur del 49°16’S), afectando a estas instalaciones por primera vez.

Este estudio tuvo como objetivo identificar en profundidad al piojo de mar que infecta al salmón Atlántico, y también informar sobre las medidas y actividades realizadas por Sernapesca en conjunto con el Laboratorio de Referencia de Caligidosis (de la Universidad de Concepción) en torno a este tema. Las principales acciones tuvieron relación con el diagnóstico y la confirmación del brote, la definición de casos, la vigilancia y la implementación de estrategias de control.

Aquí, la identificación del piojo de mar se confirmó mediante análisis morfológicos y genéticos. En total, hubo ocho centros de cultivo en la región de Magallanes donde se detectó al menos un individuo de C. rogercresseyi durante 2017. Solo en tres centros de cultivo, el parásito presentó un comportamiento epidémico, alcanzando niveles máximos de 24,5 adultos por pez y 14 juveniles por pez.

Sernapesca implementó aquí diferentes medidas destinadas a mejorar la sensibilidad del sistema de vigilancia, lo que redundó en nuevos casos. Los dos cultivos con niveles más altos de piojos de mar fueron tratados con azametifos, lo que resultó en una reducción dramática tanto de piojos adultos como juveniles, aunque los peces fueron reinfectados unas semanas después.