Pesca industrial

Chile: Avanzando en el control de descartes y pesca incidental

En los últimos años, nuestro país ha estado perfeccionando la normativa tendiente a disminuir los descartes pesqueros y la pesca incidental. Se cree, sin embargo, que hay bastante camino por recorrer para mermar radicalmente estas capturas.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), a escala mundial, los descartes anteriores al desembarque, sumados a las pérdidas y el desperdicio de pescado, totalizan el 35% del total de las capturas. De hecho, se cree que se devuelve al mar al menos el 8% del pescado extraído y que no se utiliza. Esta situación se ha vuelto un asunto de alta importancia para los organismos internacionales y para los países pesqueros que buscan operar de una manera sustentable y recuperar la vida bajo el mar.

Chile no es la excepción y ha tratado en los últimos años de dar importantes pasos en la materia. En 2013, por ejemplo, el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) dio inicio al “Programa de Investigación del Descarte y la Captura de la Pesca Incidental”, que ha tenido por objetivo reunir información relevante sobre el asunto, enfocado, principalmente, en las pesquerías demersales, de crustáceos, merluza común y merluza de cola.

Esta institución también ha estado trabajando, desde 2014, en el “Programa de Observadores Científicos”, que vigila las acciones de descarte en las pesquerías de cerco de anchoveta y sardina común entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos, tanto en la flota industrial, como artesanal.

En febrero de 2017, en tanto, se publicó en el Diario Oficial un nuevo reglamento –en el marco de la Ley 20.625 de Descartes de Especies Hidrobiológicas– que exige a las naves pesqueras y artesanales, iguales o superiores a 15 metros de eslora, el uso de dispositivos de registros de imágenes para detectar y sondear las actividades de descarte y pesca incidental.

La obligatoriedad de estas cámaras, según lo estipulado, comenzaría en agosto de 2017 para las naves industriales, mientras que para los artesanales se dio un plazo de hasta tres años a contar de la fecha de publicación del reglamento, es decir, desde febrero de 2020. Según lo dispuesto, el dispositivo deberá activarse al momento del zarpe y desactivarse al término de la recalada, debiendo ser aprobado y certificado por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura.

A la vanguardia

Las acciones que se han tomado, a partir de los programas que tiene en sus manos el IFOP, así como este último cambio normativo relacionado con la obligatoriedad de usar cámaras a bordo, han llevado a Chile a destacarse en el ámbito internacional por su voluntad por frenar los descartes y la pesca incidental. Según ha informado la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), el país se ha convertido en uno de los “referentes mundiales en el tema” y uno de los pioneros en abordar el problema con profundidad.

De hecho, Chile ya cuenta con las primeras pesquerías que disponen de un “Plan de Reducción del Descarte y la Pesca Incidental” y que corresponden a las de langostinos, camarón y merluza común. En los meses que vienen, en tanto, se espera contar con otros dos planes vinculados a la sardina común y anchoveta entre las regiones de Valparaíso a Los Lagos (en agosto) y merluza de cola (en septiembre).

Recientemente, el subsecretario de Pesca y Acuicultura, Pablo Berazaluce, destacó estos progresos y explicó que para el diseño de los planes antes mencionados fue fundamental contar con la información recopilada a través del Programa de Investigación del IFOP, lo que se complementó con el aporte y colaboración de los usuarios a través de diversos talleres que se han venido realizando en concordancia con los Comités de Manejo de las distintas pesquerías. “Estos planes cuentan con medidas de conservación y manejo obligatorias que se irán aplicando paulatinamente y que irán acompañadas de códigos de buenas prácticas, modificaciones a los artes de pesca y plazos para su cumplimiento”, expresó la autoridad.

El subsecretario destacó que, “a diferencia de lo que se ha hecho en otras partes del mundo, nuestros planes abordan el problema desde una perspectiva integral y realista, que asume que el descarte es parte de la actividad pesquera y, por ello, apuntan a la disminución progresiva –dando tiempo a las flotas para que se adapten a esta nueva manera de realizar la actividad– incorporando medidas de monitoreo y control efectivas, como los observadores científicos desplegados a bordo y dispositivos de registro que estarán operativos en el corto plazo”.

Desafíos

El académico de la Escuela de Ciencias del Mar de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Dante Queirolo –quien ha trabajado en distintas iniciativas de investigación que han buscado comprender y mitigar el descarte pesquero– reconoce la evolución que ha tenido el país en este ámbito, “probablemente por la voluntad de algunas personas que han realizado un enorme esfuerzo por generar conciencia y motivar a otros a avanzar”. Dice que, efectivamente, es muy posible que Chile destaque sobre otros en términos de regulación. No obstante, y con una mirada bastante crítica, enfatiza que “el problema aún continua sin resolverse”.

Según el académico, “las medidas que se han adoptado no tienen la suficiente lógica como para augurar que el descarte se vaya a solucionar de manera significativa en el mediano plazo”. De hecho, dice, los planes de reducción que se han promulgado a la fecha no establecen metas ni plazos concretos. Además, “sería lógico que estos planes fueran revisados por los Comité Científico-Técnicos, pero esto no ha ocurrido en todos los casos”, expresa.

Para el especialista, es de importancia avanzar en las trabas administrativas que obligan a las flotas a realizar descartes, debiendo considerarse a las medidas tecnológicas como un complemento en aquellos casos en que por la vía administrativa no se pueda resolver las dificultades, “pero no al revés”, de acuerdo con sus palabras.

Según lo explicado por el profesional, los descartes y la pesca incidental pueden tener diferentes causas. En algunas pesquerías, por ejemplo, se debe a deficiencias en las regulaciones que, a juicio del académico, han sido elaboradas para una administración bajo un enfoque monoespecífico, “olvidando que las especies habitan ecosistemas donde la captura de un recurso difícilmente puede evitar vulnerar a otros (fauna acompañante)”. Aquí, es donde debería haber modificaciones, precisa. De igual forma, existe un descarte de recursos que no tienen valor comercial, ante lo cual sería apropiado “que los armadores consideren su comercialización o procesamiento pues ya fueron removidos y, por lo general, estos mueren durante la captura”.

En síntesis, de acuerdo con Queirolo, “siempre habrá acciones y protocolos que permitan avanzar en la reducción del descarte, para lo cual es fundamental disponer de diagnósticos claros y consensuados de los problemas. Luego, debe existir voluntad técnica y política, además de medios para materializar los planes de acción”.

La visión de la FAO

Para la FAO, la reducción de los descartes pesqueros y la captura incidental es un asunto relevante en su agenda. Su mayor preocupación recae en que el volumen de estas capturas puede ser “varias veces superior al de las especies objetivo”, tal como se desprende de su último informe sobre el “Estado Mundial de la Pesca y Acuicultura” (Sofía 2016). Además, la organización aclara que si bien parte de la pesca incidental está compuesta por pescados pequeños y de escaso valor, también puede incluir juveniles de especies importantes desde el punto de vista comercial, así como otras altamente vulnerables, como tortugas marinas, tiburones y rayas.

Para abordar esta realidad, el organismo internacional llama a mejorar la comunicación de las soluciones y sus efectos positivos en la economía pesquera, en conjunción con la aplicación de una correcta reglamentación. “Esto puede crear incentivos para la reducción de las capturas incidentales y los descartes”, detalla el organismo.

Pasando a medidas más concretas, la FAO sugiere aumentar los controles de la capacidad y el esfuerzo de pesca, mejorar el diseño y la utilización de los artes de pesca, mantener vedas por zonas y períodos, así como establecer límites vinculantes sobre los descartes y captura incidental. En cuanto a medidas tecnológicas, tendientes a mejorar la selectividad en los artefactos de pesca, el organismo habla, por ejemplo, de modificar el diseño de las redes, la instalación de dispositivos para la reducción de la captura indeseada y la implementación de técnicas operativas durante las faenas.

“La experiencia ha demostrado que los problemas relativos a las capturas incidentales y los descartes no deben abordarse por separado, sino que es preferible tratarlos como componentes de los sistemas generales de ordenación pesquera y de acuerdo con los principios y las orientaciones operacionales recomendadas en el Código de Conducta para la Pesca Responsable y el Enfoque Ecosistémico Pesquero”, concluye el organismo en su informe “Sofía 2016”. De acuerdo con lo que ha informado la Subpesca, Chile ha seguido varias de estas recomendaciones de carácter internacional.