Revista Aqua Nº231

enero de 2020

En 2019: Grandes hitos en I+D

El año que recién pasó, la industria acuícola nacional consiguió grandes avances en materia de investigación y desarrollo, sobre todo respecto del control de SRS y Cáligus en salmónidos. En la mitilicultura, en tanto, celebran la validación molecular de la especie como endémica del país.

Actualmente, Chile es reconocido como el segundo productor mundial de salmón y como el segundo productor (y primer exportador) de mejillón a nivel internacional, situándose como un verdadero líder en lo que a cultivos marinos se refiere. Para llegar a este sitial, la industria ha debido, desde sus inicios, caminar de la mano con la academia. Es gracias a sucesivos avances en investigación y desarrollo (I+D) que este sector ha conseguido notables mejoras y avanzar hacia una producción cada vez más eficiente y sustentable.

Conscientes de la importancia que tiene la ciencia para este sector productivo, AQUA ha querido destinar la primera edición del 2020 a resumir los principales progresos en I+D que se consiguieron durante el año pasado relacionados, principalmente, con la producción de salmónidos y mejillón, aunque considerando también especies que pretenden ayudar a diversificar la actividad. Por lo que se ha podido apreciar, hay bastante que contar.

El legado del PGSA

En materia de salmónidos, el principal hito que se produjo en materia de I+D en 2019 tiene que ver con el cierre, en septiembre pasado, del Programa para la Gestión Sanitaria de la Acuicultura (PGSA), iniciativa ejecutada por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) y que contó con financiamiento del Ministerio de Economía y de la Asociación de la Industria del Salmón de Chile A.G. (SalmonChile), además de otras empresas salmonicultoras.

Se trató de un gran programa de investigación, que contó con una amplia red de colaboradores nacionales e internacionales y que a través de varios subproyectos intentó dar respuesta a numerosas brechas de conocimiento existentes en relación a Piscirickettsia salmonis (SRS) y Caligus rogercresseyi (piojo de mar), considerados como los principales desafíos sanitarios del sector salmonicultor local. La iniciativa contó con un presupuesto total de $12.342 millones, donde $9.232 millones fueron aportados por fondos públicos, mientras que $3.110 millones correspondieron a la industria del salmón.

De acuerdo con varios actores, el PGSA es el mayor ejemplo que ha habido en la industria acuícola de colaboración público-privada. Además, se le reconoce el aporte científico en diversos ámbitos. “Hubo variados productos de gran utilidad generados a partir de los proyectos de investigación que se desarrollaron en el marco de este programa”, dice la subdirectora nacional de Acuicultura de Sernapesca, Marcela Lara. Precisa que, entre los principales hallazgos, destaca la secuenciación del genoma del C. rogercresseyi, la secuenciación de un número importante de cepas de P. salmonis, la propuesta de bases para el desarrollo de nuevos tratamientos (fagoterapia y quelantes de hierro, por ejemplo), dietas inmunomoduladoras para hacer frente a SRS y la generación de directrices para buenas prácticas en el uso de antiparasitarios y antimicrobianos.

También se levantó importante información referente a la epidemiología en SRS y cáligus, en cuyo contexto se generaron dos ceparios, uno en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y otro en el Laboratorio de Genómica y Biotecnología Acuícola de la Universidad de Concepción (UdeC). Desde el Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal) de SalmonChile, su gerente general, Esteban Ramírez, también destaca los aportes que significó el PGSA. “En lo administrativo, resultó ser un programa muy complejo, pero hacia el final logramos, con buena voluntad de todas las partes, articular una cooperación que permitió lograr resultados”, sostuvo. Entre los principales aportes, coincide con Marcela Lara al nombrar la secuenciación de los genomas del C. rogercresseyi y P. salmonis. También menciona los avances en modelos de dispersión de enfermedades entre jaulas y centros de cultivo, farmacocinética y dinámica de los antibióticos usados en acuicultura, la confirmación de que P. salmonis vive en amebas y la ampliación de los conocimientos sobre sucesión de enfermedades, entre otros aspectos.

Durante 2019 también hubo otros avances científicos y tecnológicos para la industria del salmón, como la aparición, ya sea a nivel experimental o a escala comercial, de tratamientos alternativos para el piojo de mar (terapias térmicas), así como desarrollos biotecnológicos en materia de nutrición. Por ejemplo, bacterias del género bacillus probaron ser efectivas como probióticos y se lanzaron varias dietas que prometen seguir mejorando la eficiencia en el cultivo de salmónidos.

En la industria también ha habido avances en investigación relacionada con bienestar animal. Por ejemplo, en diciembre pasado finalizó el proyecto FIPA 2017-29 “Determinación y Aplicación de Indicadores Operacionales de Bienestar Animal en Salmónidos Cultivados en Agua Dulce”, dirigido por la Dra. Sandra Bravo, del Instituto de Acuicultura de la Universidad Austral de Chile (UACh). Aquí, se buscó identificar y determinar indicadores operacionales de bienestar durante la reproducción, alevinaje y smoltificación, así como proponer un modelo para evaluar el impacto económico del bienestar animal en la cadena de producción de salmónidos, entre otros aspectos.

En términos de nutrición, en el citado instituto también han estado evaluando los efectos de las dietas de última generación en la fisiología nutricional y aspectos productivos de los salmónidos, en un trabajo liderado por la Dra. Ana Farías, con la colaboración con el sector privado.

En la industria chilena del salmón también se ha estado poniendo atención a la infección por BKD, enfermedad que está teniendo una creciente incidencia en los cultivos de salmónidos en la región de Magallanes. Uno de los que ha estado estudiando el tema es el director de Laboratorio de Patología de Organismos Acuáticos y Biotecnología Acuícola de la Universidad Andrés Bello e investigador principal de Incar, Dr. Rubén Avendaño. De acuerdo con el investigador –según un estudio donde se analizaron 39 muestras desde la región de Aysén a Magallanes– los aislados chilenos de BKD son bioquímica, serológica y genéticamente idénticos y los perfiles proteicos presentan el mismo patrón que la cepa tipo. Asimismo, “el análisis del genoma reveló una diversidad de posibles factores de virulencia y estrategias de resistencia a los antibióticos”, expuso el académico durante un seminario.

Avances de la mitilicultura

Desde hace un par de años, el sector mitilicultor también viene realizando un gran esfuerzo en términos de I+D, fundamentalmente, a través del Instituto Tecnológico para la Mitilicultura (Intemit). “Junto al Programa Estratégico Regional (PER) Mejillón de Chile de Corfo, hemos consolidado una agenda de ciencia y tecnología validada y priorizada territorialmente por los mitilicultores de la región de Los Lagos, cuya conformación de proyectos fueron definidos por 17 científicos que desarrollan investigación aplicada en la mitilicultura en 13 universidades y centros de investigación”, cuenta el jefe de proyectos de Intemit, Cristian Segura.

Entre los principales resultados que se obtuvieron entre 2018 y 2019, destacan aquellos que validan el buen estado sanitario de los mejillones cultivados en el mar interior de la Isla de Chiloé, no registrándose ninguna patología que deba informarse a la OIE, como si lo tienen que hacer varias especies europeas del género Mytilus. El centro Incar, el centro Capia de la Universidad Santo Tomás y la UdeC han liderado este tipo de investigación. “Por otro lado, ha sido muy importante el aporte de la Universidad de Chile en cuanto a generar investigación que ha permitido validar molecularmente al Mytilus chilensis como una especie endémica de nuestro país, lo que ha tenido una repercusión significativa en términos comerciales”, adiciona el investigador.

Desafíos para 2020

Pero la acuicultura es una industria dinámica y a pesar de los avances obtenidos hasta la fecha sigue teniendo desafíos por resolver. Pensando a futuro, “consideramos que los esfuerzos deben enfocarse en la búsqueda de respuestas a preguntas que no lograron o fueron parcialmente respondidas en el marco del PGSA, un mayor énfasis en el desarrollo de tratamientos no farmacológicos, así como incentivar la investigación sobre otras enfermedades que han cobrado especial relevancia durante este último período”, dice Marcela Lara.

En ese sentido, destaca, por ejemplo, la necesidad de progresar en conocimientos respecto de BKD para poder realizar un control efectivo, “con investigación orientada a la epidemiología, prevención, diagnóstico y métodos de control”, comentó.

Aquí, la funcionaria destaca el proyecto Fondecyt “Epidemiología de la Enfermedad Bacteriana del Riñón (BKD) en Salmones de Cultivo en Chile”, liderado por el Dr. Fernando Mardones, que cuenta con la colaboración de Sernapesca junto con otras instituciones.

Para Esteban Ramírez, en tanto, los desafíos están en la reducción del uso de antibióticos, asegurar una alimentación sustentable, la protección de los fondos marinos y la prevención de escapes de peces, entre otros puntos.

En cuanto a la mitilicultura, Marcela Lara comenta que “es necesario mantener la investigación en temas sanitarios para el levantamiento de información a través de la vigilancia, así como en tecnología que permita apoyar los acuerdos de producción limpia y sobre aspectos ambientales que ayuden a entender mejor el ciclo productivo, por ejemplo, en relación con las variaciones en la captación de semillas”.

En Intemit, en tanto, les interesa avanzar en “la coordinación con usuarios de sistemas marinos para la gestión de la carga productiva integrada. Para ello, aplicaremos masivamente nuestro modelo Simac, desarrollado en un proyecto Corfo”. De igual manera, en este sector desean seguir incorporando, dentro del modelo de gestión, conceptos de economía circular que consideren el retorno o reciclaje del carbonato al hábitat natural, tanto para fortalecer la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático, como para garantizar la disponibilidad de carbonato para la calcificación y crecimiento de los mitílidos de futuras generaciones.