En Chile: Ceparios de cáligus que entregan soluciones

En Chile: Ceparios de cáligus que entregan soluciones

En el país, seis entidades producen cáligus para investigaciones relacionadas con genética, prueba de nuevos productos o nutrición, entre otros aspectos, de forma que los peces de cultivo enfrentar de mejor manera un desafío que preocupa.

Según cifras que se manejan en la industria del salmón nacional, el parásito cáligus (Caligus rogercresseyi) causa pérdidas anuales por unos US$350 millones debido a que, para su control, se requiere de cuantiosos y consecutivos tratamientos, días de ayuno y/o manejos que, al final, terminan causando pérdidas de biomasa.

En el último tiempo, el control del parásito se ha vuelto más complejo y así lo han reconocido autoridades nacionales. Luego de diversas fiscalizaciones efectuadas por representantes del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), a principios de septiembre la subdirectora de Acuicultura de la entidad, Marcela Lara, reconocía que “la situación del cáligus es preocupante”, debido al aumento de las cargas parasitarias en las regiones de Los Lagos y Aysén.

Por lo anterior, la mayor incidencia de los parásitos en los cultivos nacionales ha terminado aumentando la importancia de los ceparios de cáligus que existen en el país, instalaciones donde se mantienen y producen estos organismos nativos con el objetivo de desarrollar diversas investigaciones que permitan controlar de mejor forma su interacción con la salmonicultura. A la fecha, los ceparios que hay en el país están ligados a entidades públicas y privadas como Fundación Chile, el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), Mowi Chile, el Instituto de Acuicultura de la Universidad Austral de Chile (UACh), Cargill y, más recientemente, el Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (Incar), que es el único que se encuentra fuera de la región de Los Lagos y, específicamente, se sitúa en el sector de Dichato, región del Biobío. La buena noticia es que ya presentan diferentes avances.

Resultados a la fecha

Una de las unidades con mayor trayectoria y experiencia en el cultivo a gran escala del parásito que existe en el país para la mantención y producción de cáligus es la que tiene Fundación Chile en el sector de Quillaipe. Allí disponen de una unidad completa con estanquería y laboratorios  “destinados a la producción exclusiva de parásitos junto con sus propios peces”, comenta la encargada de la unidad, María Isabel Pizarro, agregando que aumentan o disminuyen la producción de los piojos según los requerimientos de bioensayos que posean.

Se destaca que, en esta unidad, cuenta con dos tipos de cepas: una recientemente extraida de un “barrio” neurálgico con caligidosis; y otra cepa pura de parásitos, que nunca han estado expuestas a fármacos; aseverando que los cerca de diez años de existencia de esta unidad les han permitido desarrollar protocolos pioneros para la mantención y producción de cáligus. “Gracias a nuestra experiencia, acá se han probado diversos productos que hoy se están aplicando en la industria del salmón de Chile”, comenta María Isabel Pizarro.

El Laboratorio de Interacciones Ecológicas (Lintec) de la UACh, en Puerto Montt, posee todos los estados de desarrollo de cáligus para “satisfacer la demanda de las investigaciones y servicios desarrollados por nuestro laboratorio, principalmente dirigidos al estado copepodito, que es el estado infestivo del parásito, y a los estados adultos”, confirma la investigadora de la casa de estudios superiores, Melinka Mancilla. En estas instalaciones se han evaluado “nuevas alternativas de tratamientos para el parásito, ya sean farmacológicos como no farmacológicos. También hemos llevado monitoreo de sensibilidad a distintos antiparasitarios y caracterizado espacial y temporalmente la sensibilidad del parásito”, detalla Mancillam agregando que las investigaciones que acá se realizan han permitido definir la concentración efectiva 50% para peróxido de hidrógeno, los efectos del lefunurón sobre huevos y estadíos tempranos del cáligus; la eficacia de distintas estrategias, como los tratamientos estacionales coordinados y el uso de faldones; así como el desarrollo de manuales para estandarizar la metodología de bioensayos y capacitaciones, entre otros aspectos.

En el caso del IFOP, los individuos -en todos sus estadios de desarrollo- se encuentran en el centro de maricultura “Hueihue”, en el sector de Manao, Chiloé (región de Los Lagos), donde un equipo de cuatro personas se preocupa de entregar las condiciones idóneas para el cultivo de los parásitos.

“Estos cultivos tienen como propósito solo la realización de estudios en el ámbito de la investigación, tales como evaluaciones de susceptibilidad antiparasitaria, de conducta del parásito y desarrollo de nuevas estrategias de control del parásito”, expresa la investigadora del IFOP, Margarita González, quien detalla que todo el trabajo anterior se realiza en el marco del programa permanente llamado “Determinación y vigilancia de la resistencia del Caligus rogercresseyi a antiparasitarios aplicados en la salmonicultura nacional”, el que es financiado por el Ministerio de Economía.

Desde las instalaciones del IFOP, y gracias a las labores de un total de diez personas, ya se han logrado hitos relacionados con un catastro de técnicas de evaluación de susceptibilidad de nivel internacional, una técnica de evaluación de susceptibilidad extendida, identificación de una variante parasitaria altamente susceptible, una técnica de evaluación de susceptibilidad simplificada, el desarrollo y ejecución de un programa piloto de evaluación de susceptibilidad y avances en la georreferenciación de la susceptibilidad e inicios en los análisis de tipo epidemiológicos.

El encargado de la Unidad de Peces del Laboratorio de Biotecnología y Genómica Acuícola de la Universidad de Concepción, así como investigador del Incar, Dr. Cristián Gallardo, comienza diciendo que mantienen cepas de cáligus de diversas fuentes, regiones y sensibilidades a productos farmacológicos gracias al financiamiento entregado por el Programa de Gestión Sanitaria de la Salmonicultura. Dentro de sus logros, “podemos comentar la reciente publicación del genoma del cáligus, el primero que se obtiene para una especie nativa chilena y efectuado íntegramente en el país”, dice Gallardo, agregando que este avance les permitirá incursionar en dos vías: “por un lado se encuentra la resistencia farmacológica y, por otro, podremos comprender de mejor forma el proceso de infestación de cáligus a fin de generar herramientas de tipo terapéuticas”.

A su vez, los especialistas del Incar también han podido avanzar en la caracterización de poblaciones de parásitos más resistentes y “hemos desarrollado nuevo bioensayos alternativos a los que actualmente se utilizan y que nos permitan ver cuáles integran o no los avances biotecnológicos en genética a fin de ayudar a la toma de decisiones, entre otros aspectos”, comenta Gallardo.

Colaboraciones

Como se sabe, la colaboración entre diferentes entidades permite lograr avances importantes. Así lo han entendido las entidades que mantienen parásitos en sus instalaciones. Es el caso de Fundación Chile que, desde sus inicios y gracias a su modelo de negocio, ha trabajado mancomunadamente como productor y proveedor del parásito. “Sin embargo, desde este año, estamos apuntando a generar alianzas estratégicas y aportes con el objetivo de seguir avanzando en el conocimiento del cáligus”, adelanta María Isabel Pizarro.

Similar es el caso del IFOP, entidad que posee dos cohortes de piojos: uno colectado desde el pez nativo robalo (Eleginops maclovinus) y otro desde centros de cultivo nacionales. “Anualmente realizamos un taller de difusión de los resultados, al cual se invita a investigadores y a buena parte de profesionales con importante rol en la industria. Es un momento de difusión pero también de discusión”, explica González, quien asevera que en términos de fortalecimiento han trabajado conjuntamente con proyectos con la UACh y la Universidad de Los Lagos.

En el Incar no se quedan atrás. “Hemos tenido muy buena relación con otras instituciones, como Fundación Chile, donde hemos podido adquirir cáligus desde sus ceparios, los hemos caracterizado a nivel genético y dicha información también la hemos compartido con ellos”, explica Gallardo.

Pero esta institución también se relacionado estrechamente con terceras instituciones, desde donde han obtenido muestras o cepas de cáligus. “Hemos tenido una relación cercana con los principales laboratorios que están generando parásitos para sus propias investigaciones, ya sea para alimentos, como en el caso de Cargill; o para temas de evaluación de sensibilidad, como con Mowi”, puntualiza el representante de Incar, quien destaca colaboraciones que han logrado con farmacéuticas o prestadoras de servicio para “evaluar sensibilidad a partir de información que nosotros hemos generado”.

Líneas a futuro

¿Qué se puede esperar a futuro desde estos ceparios? Mucho. Y claro, se anticipa que el cáligus es una especie endémica asociada, en forma natural, al robalo, especie de pez que se encuentra ampliamente distribuida en las aguas del país y que, por lo tanto, será muy difícil que se encuentre una herramienta que elimine completamente la presencia del parásito.

“Hoy estamos trabajando en la caracterización de las cepas que tenemos. Según esto, desarrollaremos un programa hacia adelante pero que, seguramente, nos permitirá ir conociendo de mejor forma los cáligus que son más sensibles o resistentes a diferentes productos farmacéuticos”, apunta la especialista de Fundación Chile. La ingeniero acuícola con más de diez años de experiencia en el parásito también apunta a que irán avanzando en la estandarización de los protocolos para la realización de los bioensayos. “Esperamos que, de aquí al otro año, la industria farmacéutica pueda lanzar nuevos productos para el control de la caligidosis en Chile lo que, sumado a herramientas derivadas de la biología, genética y/o nuevos sistemas para los baños, permitirán que la industria nacional conviva de mejor forma con estos parásitos”, dice María Isabel Pizarro.

En el caso de la UACh, Melinka Mancilla asevera que continuarán con su contribución “al monitoreo de la parasitosis y su respuesta a las distintas estrategias desarrolladas para su control”. Lo anterior se suma a investigaciones integradas que permitan entender el rol del manejo productivo y el efecto de las regulaciones sobre el control de esta parasitosis.

Para el IFOP, la apuesta está continuar con el programa permanente de evaluación de susceptibilidad y desarrollar una “investigación relacionada a herramientas de control alternativas como, por ejemplo, la utilización de peces tipo biocontroladores del parásito y desarrollo de bioensayos de sustancias con capacidad antiparasitaria”, afirma Margarita González. La evaluación de condiciones adicionales a los bioensayos o la generación de conocimiento relacionado a estado actual del parásito en peces nativos y caracterizar el rol que cumplen estos individuos en la dinámica general del parásito, también son aspectos que seguirán abordando los investigadores de la entidad pública.

Quizás una de las apuestas más importantes del Incar, y gracias a sus avances genéticos, “es lograr los acuerdos y autorizaciones necesarias para hacer las pruebas de los prototipos de vacunas que actualmente hemos desarrollado. Creemos que acá hay una gran oportunidad”, dice Cristián Gallardo, aseverando que esta propuesta permitirá enfrentar la resistencia que está presentando el parásito a principios activos. Adicionalmente, desde el Incar apuntan al desarrollo de nuevas tecnologías para concientizar el uso de fármacos ya existentes, así como adentrarse en la capacidad del cáligus para ser un vector de otros patógenos.