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“Faldón X12”: Un método de prevención de cáligus no farmacéutico

Normativa: Los cambios que se proponen al programa de caligidosis

Una de las propuestas más importantes se relaciona con pasar desde un análisis basado en el número de cáligus por pez, a una visión de carga de parásitos en la balsa-jaula.

En 2007, el mismo año en que se inició el devastador brote de virus ISA en la industria del salmón de Chile, el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) decidió incorporar a la caligidosis (enfermedad producida por el Caligus rogercresseyi) como una Enfermedad de Alto Riesgo de la Lista 2, por considerarse una patología “de importancia en el país y que puede ser objeto de programas sanitarios de vigilancia y control”.

Cinco años más tarde, específicamente en mayo de 2012, la autoridad publicaba una nueva estrategia de control de la patología a través de un Programa Sanitario Específico de Vigilancia y Control de Caligidosis (PSEVC-Caligidosis). En su primera versión, se establecía la aplicación de medidas especiales cuando los centros de cultivos detectaran cargas de unos nueve parásitos adultos por pez. Además, se los denominaba como Centros de Alta Diseminación (CAD).

Con el correr de los años, y dado los nuevos conocimientos respecto de los parásitos o el desarrollo de nuevas tecnologías y/o productos para su control, la autoridad ha ido incorporando diferentes cambios al programa específico para el cáligus. En este transcurso, uno de los más relevantes fue que los centros CAD serían aquellos que tuvieran presencia promedio iguales o superiores a tres hembras ovígeras (HO) por pez y no nueve parásitos adultos.

Modificaciones en 2019

Más recientemente, en septiembre del año pasado el Diario Oficial daba cuenta de nuevas modificaciones introducidas al PSEVC-Caligidosis debido a las altas cargas parasitarias en Los Lagos y Aysén, así como a detecciones de bajas en las eficacias reportadas para los principales antiparasitarios (azametifos y deltametrina) utilizados por la industria.

En la oportunidad, el Sernapesca justificó la situación debido a que era “necesario generar modificaciones al referido programa que permitan adoptar medidas oportunas para prevenir y controlar la parasitosis, como la posibilidad de presentación de planes de cosecha voluntaria bajo determinadas situaciones, entre otras medidas”.

En concreto, la autoridad propuso que “todo centro de cultivo de alta diseminación que sea categorizado como tal, tres veces consecutivas, podrá presentar en un plazo de 48 horas posterior a la notificación, un plan de cosecha voluntario definiendo un porcentaje de biomasa a reducir de al menos un 25% en un plazo máximo de 21 días corridos”. De igual forma, Sernapesca detalló que los centros catalogados como CAD, tres veces consecutivas, que no presenten un plan de cosecha en el plazo establecido, “quedarán afectos a la cosecha inmediata de la totalidad de la biomasa”.

“Lo importante de esta medida es que las cosechas anticipadas realizadas bajo estas nuevas reglas son reconocidas como herramientas de control y, por ende, no son consideradas como pérdidas que pudiesen afectar las siembras del próximo ciclo productivo”, detalla el gerente del Intesal, Esteban Ramírez, destacando que la nueva normativa, al final, “se convierte en un incentivo para bajar la carga de un determinado centro de cultivo”.

Discusiones futuras

Pero el aporte de la ciencia no se ha detenido en este tiempo, al contrario, se ha acelerado, y tanto autoridades como el sector productivo han valorado los nuevos conocimientos generados por centros de investigación públicos y privados.

Por lo anterior, la subdirectora de Acuicultura del Sernapesca, Marcela Lara, reconoció que “durante el primer semestre de 2020 está considerada una revisión exhaustiva del programa. Tendremos como insumos los resultados obtenidos en el Programa para la Gestión Sanitaria de la Acuicultura (PGSA)”.

La autoridad explicó que algunos focos que se analizarán son: mejorar la vigilancia y evaluar los límites de acción; optimizar las acciones de control a través de mejoras en la coordinación; y establecer condiciones más estrictas para la ejecución de tratamientos antiparasitarios.

En representación del sector salmonicultor, Esteban Ramirez reconoce que han analizado varios aspectos para tratar con la autoridad y donde algunos se podrían implementar rápidamente, mientras que otros requieren de una reflexión más profunda.

Dentro de los primeros se encuentran temas relacionados con el uso de fármacos. Por ejemplo, que el tiempo de exposición a los antiparasitarios pudiese quedar en manos de los veterinarios y no solo a partir de la recomendación del proveedor. Esto permitiría ampliar o disminuir el tratamiento según la carga que tenga una determinada balsa jaula y siempre resguardado el bienestar de los peces. Asimismo, el gerente del Intesal quisiera restar el uso de algunos principios activos a las ventanas de baño determinadas por la autoridad, “ya que este concepto se relaciona con la rotación de los fármacos para cuidar las moléculas en el tiempo pero, sin embargo, el Lufenurón solo se aplica una vez y durante la fase de agua dulce”.

De igual forma, desde el sector productivo se solicita darle un mayor valor al Informe por Tratamiento, ya que su información no está sistematizada y no se emplea, necesariamente, para la toma de decisiones por parte del Sernapesca o las productoras de salmónidos.

A su vez, desde el Intesal se analiza solicitar a la autoridad la revisión del indicador de tres hembras ovígeras del parásito para determinar si un centro es o no CAD. “Hoy existen nuevas investigaciones científicas que nos permiten plantear que la carga de cáligus en una balsa jaula es más relevante que un número por pez”, apunta Ramírez.

Lo mismo se solicitará respecto del empleo de nuevas tecnologías para la vigilancia o tratamiento de los parásitos. “En el caso del control, nos interesa promover nuevas herramientas como alternativas al uso de productos farmacológicos”, finaliza Marcela Lara.