Revista Aqua Nº239

septiembre de 2020

Producción acuícola: Avanzando en el cultivo de nuevas algas

Si bien el pelillo sigue siendo por lejos la principal alga cultivada en Chile, institutos, universidades y centros de investigación, junto con pescadores artesanales, principalmente, siguen avanzando en la producción de nuevas especies. Se cree que las algas son un nicho aún poco explotado, pero que tienen un enorme potencial.

El cultivo de macroalgas en Chile partió en la década de 1980 y ha sido desarrollado, fundamentalmente, por pescadores artesanales que se han dedicado con éxito –sobre todo en la región de Los Lagos– al cultivo de pelillo (Agarophyton chilense), que representa alrededor del 95% de la producción nacional de algas. Se trata de una industria pequeña –figura con el 1,5% del total de cosechas a nivel nacional–, pero que se ha mantenido por largo tiempo.

No obstante, los últimos años se ha estado promoviendo con bastante fuerza el cultivo de nuevas algas marinas, con el fin de diversificar la actividad y entregar nuevas fuentes de trabajo a los pescadores artesanales que, por ley, pueden destinar hasta un 40% de sus Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (Amerbs) a la acuicultura. Es así como –con el apoyo de consultoras, institutos, universidades y centros de investigación a lo largo del país– se han obtenido avances en la producción de algunas algas pardas como los huiros y la chicorea de mar (Chondracanthus chamissoi). El objetivo es aportar, principalmente, a la diversificación de la acuicultura y desarrollar también una acuicultura de pequeña escala (APE).

Productos con potencial

El interés que existe por las algas va más allá de su aporte nutricional, tanto a nivel nacional como internacional. El sector agropecuario, farmacológico y cosmético han sabido aprovechar las características únicas de estas plantas marinas para la elaboración de nuevos productos. En esta línea, diversas entidades han estado trabajando fuertemente para avanzar en el cultivo, pues se cree que podría haber grandes oportunidades para estos recursos.

Desde el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), cuyo Departamento de Repoblación y Cultivo ha focalizado su investigación los últimos cinco años en macroalgas a través de tres líneas –APE, Restauración y Repoblación de Praderas de Macroalgas y Mitigación del Cambio Climático– una de sus investigadoras, Sandra Saavedra, comenta que dentro de las algas más prometedoras en cuanto a cultivo está “la chicorea de mar, el huiro (Macrocystis pyrifera) y la luga negra (Sarcothalia crispata). Además, se proyecta con buenas perspectivas el desarrollo de iniciativas de repoblación y restauración marina, utilizando las algas del grupo de los huiros.

El director del Laboratorio de Macroalgas y Fitopatología de la Universidad Austral de Chile (UACh), Pedro Murúa, concuerda con que el huiro es uno de los candidatos más idóneos para la producción acuícola. “Su cultivo ha sido desarrollado por varios grupos de investigación a nivel nacional y sus tasas de crecimiento son de las mayores dentro de los organismos vivos del planeta (en el mejor de los casos 60 cm por día), lo que podría asegurar grandes productividades por unidad de área de cultivo. También creo que el luche chileno (Pyropia sp.) tiene potenciales sin precedentes. Esto porque es la macroalga más cara en el mundo y, actualmente, la oferta está estancada y altamente sobrepasada por la demanda”, comenta.

En la zona norte de Chile, en la región de Coquimbo, opera el Centro de Innovación Acuícola AquaPacífico. Su coordinadora de Transferencia y Negocios, Carolina Oliú, sostiene que la actividad de extracción de algas sigue estando por sobre la actividad de cultivo en la zona. “Para el norte, es importante trabajar desde un aspecto más holístico, no solo haciendo referencia al cultivo, sino que solucionando problemas previos, como permisos, regulaciones o informes de seguimiento”, dice. Agrega que, dentro de las algas con mayor potencial, están las que presentan mayor atractivo comercial, como el huiro palo (Lessonia trabeculata), huiro y la chicoria de mar. Para ello, “hace falta que salgamos a escalar y abordemos cómo hacemos que las caletas y grupos que estén interesados puedan concretar sus proyectos. Pero tienen que ser iniciativas del productor, con nuestro apoyo como AquaPacífico desde el punto de vista técnico, que es nuestra área”, expresa la ejecutiva.

Investigaciones en curso

Desde el IFOP, Sandra Saavedra destaca que “se han implementado cultivos de chicorea de mar y huiro flotador en el Amerb del Sindicato Caleta Río Seco en Iquique. En la misma línea, el jefe del Departamento de Repoblación y Cultivo, Francisco Cárcamo, agrega que, además, se está trabajando en el Programa Integral de Desarrollo de Acuicultura de Algas para Pescadores Artesanales y Acuicultores de Pequeña Escala, el cual se ejecuta desde el 2017 y que tiene como objetivo “establecer estrategias de desarrollo de acuicultura de algas en Amerbs y concesiones de acuicultura”.

Pablo Leal, quien también es investigador del IFOP, está trabajando en una tercera investigación llamada “Metabolic interactions between bivalves and macroalgae in co-culture under warmer and acidified conditions”, que busca determinar si la actividad metabólica de procesos fisiológicos de bivalvos (calcificación, respiración) y macroalgas (fotosíntesis) afectan el desempeño de cada especie en co-cultivo bajo condiciones de calentamiento y acidificación oceánica, según lo informado.

La UACh, por su parte, está trabajando en dos líneas de investigación. La primera dedicada al potencial en el alga luche y el repoblamiento de huiros y, en segundo lugar, en bioseguridad en acuicultura de macroalgas, proyecto financiado por GCRF del Reino Unido (GSSTAR), que busca estudiar enfermedades y políticas de bioseguridad a nivel latinoamericano. “El cultivo de luche, actualmente, cuenta con el desarrollo experimental hasta la fase mar, pero falta mejorar las productividades, además de agregarle valor al producto final. En el caso del repoblamiento de huiros, se han piloteado varias pruebas en la región de Atacama, con resultados bastante buenos donde las poblaciones de estas algas fueron diezmadas, por ejemplo, por aluviones. Por otro lado, la línea de bioseguridad es bastante nueva, pero sus resultados preliminares sugieren el nacimiento de varias líneas de investigación que se podrían explotar en términos biológicos (patofisiología) y de políticas públicas”, dice Pedro Murúa.

Carolina Oliú, en tanto, cuenta que AquaPacífico se ha centrado en el desarrollo de la etapa de “FicoHatchery” (producción de plántulas en laboratorio) tanto para huiro palo como para huiro flotador (Macrocystis pyrifera) y que actualmente “estamos trabajando con nuevos materiales que permitan optimizar los rendimientos en fijación y tratar de acortar la brecha de sobrevivencia entre la fase de hatchery y crecimiento en mar. Con las pruebas que hemos realizado con los materiales específicos, marca AT-SEA Nova, esperamos dar pronto con un protocolo de manejo para una fase “nursery”, buscando mejorar la competencia productiva y sanitaria de las plántulas previo a su fase en agua de mar”.

El Instituto de Ciencias y Tecnología de la Universidad Arturo Prat –en Puerto Montt– también ha dedicado años de trabajo a la investigación en torno a algas. Su directora de Proyectos, Marcela Ávila, explica que actualmente “estamos trabajando con diferentes recursos, como la luga negra (Sarcothalia crispata) y luga roja (Gigartina skottsbergii), luche, chicoria de mar y algas pardas, como huiro y huiro palo. En cada proyecto que desarrollamos, además de publicar parte de nuestros resultados en revistas internacionales, generamos material de difusión como posters y manuales que puedan contribuir al conocimiento y desarrollo de buenas prácticas tanto en el cultivo como en la explotación de las especies algales en forma local para el público en general”, comenta la académica.

Proyecciones

Los investigadores concuerdan con que se debe avanzar –de manera primordial– en las tecnologías de producción de algas. A su vez, ampliar los territorios cultivables, con el fin de generar más y mejores productos de calidad, adecuados a los requerimientos de mercado.

Marcela Ávila, por ejemplo, comenta que “si bien existen tecnologías disponibles para el cultivo, todavía falta en el escalamiento de la tecnología para resolver problemas ingenieriles y de optimización de los sistemas de cultivo. En lo económico, debemos trabajar fuertemente en desarrollar valor para los productos que se generen, ya que hasta ahora prácticamente la mayor parte de nuestros recursos algales se exportan como commodities”, expresa.

Desde AquaPacífico coinciden con que se debe acortar cada vez más la brecha de la extracción versus producción. “Para subsanar ese déficit se requiere trabajar en los avances tecnológicos en hatchery, diversificación en Amerbs y APE y en la ampliación del territorio cultivable”, afirma Carolina Oliú.

Desde el IFOP, en tanto, precisan que “para la consolidación, sobre todo de nuevas especies en cultivo, se requiere aumentar la capacidad productiva nacional en hatchery, producción controlada de semillas de buena calidad y diseños de nuevos sistemas de cultivo para escalamiento. En el ámbito de la transferencia tecnológica, se requieren procesos de capacitación, entrenamiento y transferencia de más largo plazo que permitan incorporar las implicancias de la acuicultura sobre todo en pescadores artesanales”.

Pedro Murúa, concluye que si bien Chile es el mayor productor de macroalgas vía pesquería del continente americano, la producción ha estado estancada en términos de crecimientos; esto debido a que “las poblaciones tienen una capacidad limitada de recuperación, las cuales están sobrepasadas en estos momentos. La acuicultura podría ser una solución para hacer crecer esta disponibilidad de biomasa, pero debe actuar en sinergia con otros actores que permitan la optimización de procesos y adición de valor”.