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Chile avanza

Chile avanza

Chile se ha ido ganando un prestigio dentro de la comunidad internacional, como un país serio, que avanza y cumple sus compromisos. Es importante destacar esto y revisar por qué se ha ganado este prestigio, aun cuando en el plano interno somos más críticos.

En el marco de FAO, cuya principal preocupación es la sustentabilidad de las pesquerías para contribuir a la seguridad alimentaria y generar una actividad de largo plazo, se ha comenzado una serie de iniciativas para proteger los recursos y el ecosistema.

Por ejemplo, en la pesca demersal con redes de arrastre se ha promovido la protección de los EVM (ecosistemas marinos vulnerables) y se publicaron directrices especiales para ello. Chile participó activamente y en 2012 se incluyó en la ley de pesca un capítulo sobre protección de los EMV, manteniendo el 100% de sus montes submarinos cerrados a la pesca.

También FAO se ha dedicado a abordar el gran problema mundial de la pesca: las capturas de by catch o especies asociadas y el descarte que se hace de parte de estas. Chile fue un activo integrante de los talleres de expertos, recogió los lineamientos de las directrices FAO y en 2012 publicó la ley N° 20.625 sobre descarte, de estándar internacional, y en 2014 ya tiene funcionando un programa de monitoreo y observadores a bordo para disminuir esta práctica en cuatro pesquerías.

En la última reunión de FAO una de las principales preocupaciones fue el combate a la pesca IUU (ilegal, no reportada y no regulada). Una vez más nuestro país ha sido actor principal en este tema y en los foros creados para abordarlo. Contribuyó a elaborar el instrumento sobre el estado rector del puerto, mecanismo esencial para controlar la pesca IUU a través de ejercer control en los puertos de cada país. Chile viene aplicando hace años una política sobre el uso de los puertos y ha sido uno de los diez países que ha ratificado el instrumento vinculante de FAO, constituyendo un ejemplo e incluso anticipándose a pesqueros relevantes como Estados Unidos, Canadá y Japón, que aún están en proceso de hacerlo. De igual forma contribuimos a elaborar e impulsar las guías para el Estado del pabellón, que los países deben imponer a las naves que enarbolen su bandera, para mantener control y seguimiento de sus actividades, lo que nuestro país aplica hace años a su flota.

No obstante, tenemos algunos déficits relevantes a nivel interno que debemos atender con dedicación. Hay que intensificar nuestros esfuerzos de monitoreo y control a nivel local, porque es la base para que todas las demás acciones sean coherentes y funcionen.