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Humedal (Foto de contexto. Gentileza: INCAR)
Humedal (Foto de contexto. Gentileza: INCAR)

Agua dulce: Disponibilidad amenazada

Diversos factores, como el cambio climático y el acaparamiento de derechos de agua, están complicando la abundancia de recursos hídricos para la etapa de agua dulce de la producción local de salmón. Los expertos llaman a un uso eficiente y sustentable del vital elemento.

El cambio climático está haciendo de las suyas en todo el mundo y Chile no escapa a esta realidad. De acuerdo con las proyecciones, si bien nuestro país no sufrirá tan fuertemente como otras naciones el alza de temperaturas, por la protección que brinda el Océano Pacífico, sí o sí tendrá que aprender a convivir con años muy secos, con escasas precipitaciones y con las indeseadas consecuencias que pueden generar eventos como el Fenómeno El Niño, como ocurrió en 2016.

Esta situación representa un enorme desafío para las pisciculturas donde se cultivan ovas y smolts de salmónidos, las que funcionan gracias a las aguas que captan ya sea de ríos, lagos o pozos profundos y que han visto cómo, año a año, disminuye la disponibilidad. “Esta es una realidad que estamos viviendo y que en nuestra empresa la empezamos a ver desde hace 15 años atrás”, dice el gerente de Agua Dulce de Salmones Camanchaca, Hugo Cajas, quien admite que hoy la industria tiene que competir por el agua, tanto con el consumo para población humana, como con otras actividades intensivas en su uso, como la agricultura.

Cambio en los patrones

Los investigadores del Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (INCAR), Jorge León-Muñoz y Doris Soto, han estado estudiando este tema con bastante atención. Según lo explicado, los datos disponibles confirman que en el sur de Chile los rangos de precipitación tienden a decrecer. “En lo últimos siglos, Puerto Montt (Región de Los Lagos) pasó de recibir más 1.900 mm anuales de precipitación a registrar un promedio de 1.580 mm”.

Añaden que “nuestras fuentes de agua dulce comienzan a evidenciar comportamientos ajenos a lo que solíamos ver”. Recuerdan que hasta hace unos años, el tema del agua, en cantidad y calidad, no era un problema para los salmonicultores. De hecho, la conjunción entre altos niveles de precipitaciones y el uso de cuencas dominadas por bosque nativo hicieron que, desde La Araucanía al sur, los acuicultores encontraran las condiciones ideales para las primeras etapas de producción, pues se contaba con caudales estables, con baja amplitud térmica y limitadas concentraciones de sedimentos y nutrientes, además de altas concentraciones de oxígeno disuelto.

Lo cierto es que con el cambio climático –y otros factores como veremos más adelante– la situación comenzó a cambiar. Hoy existe bastante conceso respecto de que la variabilidad natural del sistema tiende hacia una prevalencia de años lluviosos. Sin embargo, cada vez es más frecuente la presencia de años extremadamente secos, donde los otoños parecen veranos y las lluvias se hacen presentes solo en invierno, como ocurrió el año pasado. “En 2016 la provisión de agua de los ríos y esteros marcó mínimos históricos. El río Puelo, por ejemplo, que cuenta con una de las más amplias series de tiempo hidrológicas de Chile, registró en el verano-otoño de 2016 algunos de sus caudales más bajos de las últimas siete décadas. Incluso, estos habrían sido los menores en los últimos cuatro siglos”, dicen los investigadores del INCAR.

De igual forma, en las últimas décadas se ha observado en los paisajes donde se emplazan las pisciculturas un fuerte proceso de cambio en la cobertura y uso de suelo, caracterizado por procesos de deforestación y degradación del bosque nativo. De esa forma, algunas pisciculturas coexisten hoy con terrenos agrícolas e incluso con incipientes plantaciones forestales de rápido crecimiento. ¿Qué impacto tiene esto? “Los procesos de cambio de uso de suelo aumentan la exposición de las cuencas del centro sur de Chile a los efectos del cambio climático”, explican Jorge León-Muñoz y Doris Soto, lo que aumenta la vulnerabilidad de las pisciculturas debido a la modificación en los procesos de redistribución de la precipitación y, por ejemplo, al arrastre de sedimento que se puede dar cuando hay fuertes lluvias.

El director de Aguas de la Región de Los Lagos, Javier Vidal, coincide con lo anterior y plantea que que “el crecimiento económico, demográfico y el cambio climático generan problemas de estrés hídrico. Asimismo, se ha modificado el uso de suelo, lo que conlleva a una modificación en la relación precipitación-escorrentía y ha cambiado elementos del balance hídrico, produciéndose así comportamientos distintos dependiendo de las características de cada territorio o cuenca”.

Calidad del agua

De acuerdo con los expertos, no solo se ha visto una merma en la cantidad de agua. También se han observado cambios en la calidad de este elemento. NIVA Chile se ha especializado en el asunto, estudiando la calidad de las aguas que se utilizan para los cultivos acuícolas. “Hemos observado un vínculo directo entre las precipitaciones y la calidad del agua, siendo la lluvia una de las principales fuentes de recarga de los afluentes tanto superficiales como subterráneos”, dicen Xavier Gutiérrez, gerente general de la firma, y Felipe Briceño, investigador.

“Uno de los primeros registros de este problema se obtuvo luego de la intensa sequía que experimentó la Región de La Araucanía entre fines de 2013 y el otoño de 2014, cuando detectamos anomalías y cambios en la cantidad y calidad de las aguas que abastecen a pisciculturas ubicadas en las zonas altas. Los cambios de la calidad mostraron que la matriz de agua sufría un efecto de concentración, que se reflejó en el incremento de los niveles de temperatura, pH y alcalinidad por fuera de los rangos habituales, junto con la presencia de algunos metales y compuestos nitrogenados críticos, como el amoniacal total. Estos compuestos representan un riesgo, especialmente, para el cultivo en sistemas intensivos de flujo abierto”, explican los profesionales.

Xavier Gutiérrez y Felipe Briceño coinciden en el importante rol que ha jugado, tanto en la disminución de la cantidad como de la calidad del agua, el cambio climático, donde se han podido apreciar años con bajas precipitaciones y donde éstas, además, se concentran en periodos cortos de tiempo, lo que provoca al mismo tiempo desastres como inundaciones y crecidas de ríos. “Los últimos años hemos visto una intensificación de las turbias, lo que ha causado daño mecánico a los peces y mermas productivas que se explican por problemas de calidad de agua en la acuicultura”.

El calentamiento global también generado una disminución de las masas de hielo y glaciares que alimentan algunas fuentes de agua dulce que utilizan las pisciculturas. “El patrón estacional de deshielos, característico de un mayor aporte en las estaciones de primavera-verano, también se está alterando. Dichos cambios inciden en la calidad del agua, debido al proceso de dilución y concentración de la matriz de agua usada en el sector”, explican los investigadores.

En los acuíferos subterráneos, de los cuales hay menos información, se están viendo, de igual forma, importantes efectos. Siempre se pensó que estas serían fuentes inagotables en términos de cantidad y estables en términos de calidad, “no obstante, hemos observado cambios en ambos aspectos en el último tiempo. Se espera que el cambio climático siga alterando estas fuentes mediante una baja capacidad de recarga, producto del cambio de los patrones de lluvias y otros aportes de agua dulce”, expresan los representantes de NIVA.

Derechos “sin uso”

La consultora POCH lleva años apoyando a los salmonicultores en la preparación de sus proyectos de agua dulce, ubicando puntos adecuados de captación, con recursos suficientes para operar las instalaciones y prestando soporte en la tramitación de los derechos de aguas, “acompañando a los titulares hasta obtener la aprobación de obras de bocatomas, canales, ductos y obras de restitución, de acuerdo con el marco regulatorio”, según el coordinador de Proyectos, Pablo Quintana.

De acuerdo con el ejecutivo, debido al cambio climático, efectivamente quienes tramitan proyectos acuícolas se están enfrentando a “menos recursos disponibles y por ende a una mayor dificultad de obtener grandes caudales”. No obstante, saca a relucir otro factor que no tiene que ver con el calentamiento global, sino que con “la gran cantidad de derechos otorgados y que no se extraen, los cuales se utilizan para bloquear otros proyectos o bien con fines especulativos. La industria acuícola no está ajena a esta realidad y ya existe competencia entre los diferentes actores, ya que las aguas sirven para todo tipo de actividades: agrícolas, lecheras, energéticas, sanitarias y pesqueras, entre otras”, apunta el profesional.

Sumando estos dos factores, “el panorama es bastante complejo incluso para estas regiones sureñas acostumbradas a la abundancia de aguas. De hecho, muchas tramitaciones de derechos incluyen actualmente un ofrecimiento de caudal menor al solicitado, al no haber mayor disponibilidad del recurso”, dice Pablo Quintana. Por eso, el ingeniero recomienda que las pisciculturas que tienen, por ejemplo, planes de ampliación para criar peces más grandes, ojalá cuenten, previamente, con el recurso agua en volumen suficiente y asegurado tanto física como legalmente y que no se comiencen a implementar proyectos sin considerar este aspecto.

Tecnologías apropiadas

Ante este escenario, los productores acuícolas no tendrán más salida que reducir y buscar formas de optimizar al máximo el uso de agua dulce. Aquí, una de las primeras recomendaciones tiene relación con la implementación de sistemas de recirculación de agua (RAS, por su sigla en inglés). En Chile, ya son muchas las pisciculturas que cuentan con esta tecnología. Una de las pioneras fue Camanchaca. Hace varios años, previendo que la disminución de las fuentes de agua dulce, así como una merma en la calidad sería un tema importante, “nos concentramos en este sistema que nos permite utilizar 100 veces menos agua que una piscicultura equivalente pero de flujo abierto”, cuenta Hugo Cajas.

Los proyectos futuros también están apostando por esta tecnología. Es el caso de Acuícola Milla Chaywa, que planea la instalación de la Ecopiscicultura Estero Compu, en Quellón (Isla de Chiloé). Aquí se pretende contar con sistema de recirculación debido a que estos permiten “usar menos de un 2% del agua que ocuparía una piscicultura de flujo abierto e incluso menos”, expresa uno de los socios, Aldomar Urrutia, quien destaca que estas tecnologías permiten, además, que el agua que regresa a los cuerpos receptores vaya con la “menor carga posible”, lo que es muy relevante para mantener la sustentabilidad del sector.

El gerente general de Billund Aquaculure Chile, Marcelo Varela, especifica que “un sistema de recirculación promedio requiere entre 600 y 800 litros/kg de alimento entregado al día, lo que equivale a cerca del 1% de la cantidad que utiliza un sistema de flujo abierto. Esto se logra mediante sistemas de tratamiento, compuestos por filtros mecánicos, filtros biológicos, sistemas de desgasificación, oxigenación y desinfección UV”. No obstante, precisa que, producto de exigentes legislaciones de otros países, los últimos cinco años “nos hemos visto obligados a desarrollar nuevos filtros biológicos y sistemas de recuperación de aguas residuales, lo que ha permitido operar tecnologías RAS con aportes de agua fresca de hasta 30 litros/kg de alimento. Esto significa que hoy es posible producir 6 millones de smolt al año con 2 o 3 litros por segundo de agua fresca, lo que constituye una herramienta real y efectiva para enfrentar la menor disponibilidad del recurso”.

Según el ejecutivo, además de los avances en recirculación, también se debe trabajar en eficiencia energética, desarrollo de procesos de reutilización de residuos y uso de energías renovables para disminuir más aún el impacto ambiental de las operaciones. Por eso, “estamos generando alianzas estratégicas que nos permitirán desarrollar unidades de producción carbono neutrales”, adelanta.

Más investigación

Los investigadores el INCAR opinan que, para asegurar la producción futura de ovas y alevines, es necesario “trabajar en la caracterización de las cuencas donde se emplazan las pisciculturas, identificar y priorizar las áreas donde sería necesario invertir en mayor tecnología y eficiencia (sistemas RAS), mitigar los forzantes responsables de las afectaciones a la cantidad y calidad de agua y robustecer la capacidad de pronóstico de eventos climáticos anómalos. Además, es fundamental trabajar en el desarrollo e implementación de estrategias dirigidas a conservar y/o recuperar atributos biogeográficos que maximicen servicios ecosistémicos de alto valor”.

Desde NIVA Chile, en tanto, llaman a los productores acuícolas, en primer lugar, a preocuparse por ajustar los modelos de producción en base al caudal disponible. Por otra parte, “se hace necesario disponer de una red de observación de variables ambientales básicas y de cantidad de agua (caudal) que permita describir los cambios que produce el cambio climático y que, al mismo tiempo, dé sustento a la toma decisiones y al planteamiento de medidas de mitigación a nivel de industria”. Según Xavier Gutiérrez y Felipe Briceño, muchas pisciculturas disponen de sistemas de monitoreo de larga escala temporal. Estos mismos datos podrían servir para el desarrollo de modelos predictivos que permitan proyectar variables hidrológicas ante escenarios futuros.

Pablo Quintana, por su parte, vuelve al tema de los derechos de aguas, destacando la necesidad de “evitar acaparar derechos que no se van a utilizar o no se proyecta usarlos, así como evitar comprar derechos a especuladores, pues eso fomenta el acaparamiento y por ende una menor disponibilidad”. También recuerda a los productores que “en el futuro los derechos serán concedidos por un par de decenas de años y tendrán que ser actualizados, de modo que es posible que en la renovación se otorgue menos caudal del requerido, sobre todo considerando el efecto del cambio climático en las fuentes de abastecimiento”.