El SRS es la patología que genera más pérdidas económicas a la industria del salmón de Chile
El SRS es la patología que genera más pérdidas económicas a la industria del salmón de Chile

Los avances en la lucha contra SRS

Si bien los indicadores han mejorado en el último tiempo, esta enfermedad sigue siendo una de las principales preocupaciones del sector, pues un control exitoso no solo mejora la condición sanitaria, sino que también permite reducir el uso de antibióticos.

A fines de la década de 1980, la industria chilena del salmón se vio sorprendida por la aparición de una extraña enfermedad que causó mortalidades masivas de hasta un 90%, especialmente, en el salmón coho (Oncorhynchus kisutch), la especie más producida en ese entonces. Fue llamada “Síndrome de Huito” debido a su hallazgo en el canal del mismo nombre situado en las cercanías de Calbuco (región de Los Lagos). Posteriormente, se propuso del nombre de Septicemia Rickettsial del Salmón (SRS), el que ha sido ampliamente utilizado hasta hoy, a pesar de que la Organización Mundial de Sanidad Animal ha sugerido que el nombre correcto es Piscirickettsiosis, ya que la bacteria pertenece al género Piscirickettsia y no una Rickettsia.

Ya han pasado 20 años y el SRS es considerada hoy como una enfermedad endémica, convirtiéndose, junto con el cáligus, en uno de los mayores problemas sanitarios de la salmonicultura local, provocando pérdidas por US$ 750 millones anuales, siendo las especies más afectadas la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss) y el salmón Atlántico (Salmo salar). Pero más allá de eso, esta patología preocupa porque para su tratamiento es necesario utilizar antibióticos, los que están siendo ampliamente rechazados por la comunidad internacional. Es por eso que tanto la autoridad como los propios salmonicultores están preocupados por buscar soluciones que permitan una mejor gestión de la enfermedad, con el fin de caminar hacia una industria más sustentable.

Situación actual

Según lo informado por el Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal) de SalmonChile, desde 2013 a la fecha la presencia de SRS en el cultivo de salmónidos en el país ha mostrado una tendencia a la baja y actualmente las mortalidades en un ciclo cerrado no superan el 3% en promedio. “Si comparamos la prevalencia a nivel de centro, entre los años 2016 y 2017 son bastante similares, pero hemos visto una disminución en las últimas semanas”, cuenta el jefe del Área de Salud e Inocuidad de la entidad, Rolando Ibarra. Añade que si bien históricamente la trucha ha sido la más afectada, en 2017 “ha sido el salmón Atlántico el que posee mayores mortalidades”.

La Piscirickettsia es una bacteria intracelular y, para tratarla, los salmonicultores recurren a antibióticos como Florfenicol y Oxitetraciclina, que explican el 99% de las terapias. Además, casi todos los peces son vacunados. Sin embargo, a pesar de los avances, esta sigue siendo una patología altamente prevalente en la fase de agua mar. De hecho, se estima que un 70% de los centros de cultivo han reportado mortalidades debido a la bacteria en un período productivo.

Piedras de tope

¿Cuáles han sido las limitantes en el control de SRS? El gerente general de ADL Diagnostic Chile, Patricio Bustos, dice que hay que entender que se trata de una bacteria intracelular cuyo estilo de vida “hace que se refugie internamente donde es difícil el acceso de antibióticos y el reconocimiento del sistema inmune. Esto está directamente relacionado con la eficacia de la prevención y tratamientos que hemos venido observando”. Precisa que el agente causal tiene variantes genéticas que hacen aún más complejo el control.

Similar opinión tiene el director técnico de CIBA y académico de la Universidad San Sebastián, Marcos Godoy, quien opina que la principal dificultad se relaciona con la biología del patógeno. “Las bacterias intracelulares son mucho más complejas de tratar en comparación con las extracelulares. Se requiere que el antibiótico entre a la célula o, en el caso de las vacunas, que estas desarrollen inmunidad celular, no humoral”. Otro de los factores que conspira, a su juicio, es que la enfermedad es endémica, está ampliamente diseminada y es capaz de sobrevivir todo el año en el medio acuático. “La única posibilidad que tiene el pez de prepararse está en agua dulce; luego, está entre doce a 14 meses casi permanentemente desafiado por el patógeno. Eso es súper clave”. Asimismo, la bacteria afecta a las tres especies, de modo que la presión de infección es muy alta.

Desde el mundo de la ciencia, el investigador de la Universidad Andrés Bello, Rubén Avendaño, comenta que el estudio de P. salmonis ha estado relacionado con esfuerzos particulares de algunos científicos y que ha requerido de una infraestructura y conocimiento “que el país tardó en adquirir”. Una vez subsanados estos puntos, dice, “ha sido complejo reunir a quienes estudian el patógeno y generar colaboración entre los equipos de investigación para lograr cerrar las brechas que permitan al menos manejar la patología y generar nuevas medidas de control o prevención”. Pero aclara que “hoy los investigadores estamos más maduros y entendemos que las pérdidas que genera la Piscirickettsiosis son un daño país, no solo en lo económico, sino también en lo ambiental y social”.

Acciones públicas

El mundo salmonicultor está consciente de las dificultades que presenta el manejo del SRS y es por eso que los últimos años se han venido desarrollando distintas acciones, muchas de ellas colectivas, que buscan avanzar y generar cambios reales.

Desde 2013 la industria cuenta con un Programa Sanitario Específico de Vigilancia y Control de Piscirickettsiosis –liderado por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca)–, enfocado en la detección temprana y en el seguimiento de casos por medio de la vigilancia clínico-patológica y de laboratorio; también contempla la aplicación de medidas de control oportunas y graduales. Desde su implementación, 329 centros han sido categorizados como Centros de Alta Diseminación (CAD), mientras que 44 han sido mandatados por el Servicio a una cosecha anticipada al no poder controlar la enfermedad.

“Desde la implementación del programa se ha podido observar una tendencia al mejoramiento de los indicadores sanitarios, reflejado en menores niveles de prevalencia, menores porcentajes de mortalidad y mayor éxito en el control de casos a nivel nacional”, expuso la subdirectora de Acuicultura de Sernapesca, Marcela Lara, en un evento reciente organizado por Cargill y CIBA.

Lo cierto es que si bien han mejorado los indicadores, en los últimos años se ha reportado un mayor uso y variedad en el criterio y aplicación de antibióticos. De hecho, en 2014 se utilizaron 563 toneladas de estos fármacos, mientras que en 2007, por ejemplo, la cifra fue de 385 toneladas. Esta situación inquieta a la autoridad, sobre todo ahora que existe preocupación mundial y nacional por disminuir el uso de antimicrobianos.

Es por eso que Sernapesca está trabajando en cambios al programa, con miras a fortalecer las medidas de vigilancia y control, potenciar la detección temprana, modificar la definición de caso y buscar una mayor sinergia con las medidas consideradas en otros programas sanitarios específicos. Se espera que estas acciones ayuden a un manejo más eficiente y sustentable de la enfermedad.

De igual forma, la autoridad pretende crear un Comité Veterinario Permanente, donde se abordarán temas vinculados a mortalidades, mejoras al programa y la vigilancia de enfermedades emergentes. Además, Sernapesca está trabajando en un par de proyectos financiados por el Fondo de Inversión Estratégica (FIE) del Ministerio de Economía y que también van en la senda de mejorar la gestión y reducir el uso de antimicrobianos que, según parece, es una prioridad nacional.

Por su parte, el IFOP, desde hace cuatro años mantiene un programa destinado a evaluar la resistencia a antibióticos de los patógenos que afectan a la salmonicultura, entre ellos SRS. “Generamos el protocolo, el medio y luego elaboramos una escala que permitiera diferenciar las poblaciones susceptibles de las que no lo son”, expone el jefe del Departamento de Salud Hidrobiológica del IFOP, Sergio Contreras. Una vez desarrollado el protocolo, el IFOP se ha encargado traspasar la información a los laboratorios que prestan servicios a la industria. “Lo que se buscaba era una estandarización en relación con la evaluación de susceptibilidad, pues antes cada uno lo hacía por su cuenta y era difícil comparar resultados”, adiciona el profesional.

En la actualidad, el IFOP sigue trabajando en la vigilancia y seguimiento a la resistencia bacteriana. “Queremos ver lo que está ocurriendo afuera. Es por eso que buscamos brotes (desde Los Lagos a Magallanes) y hacemos la evaluación de susceptibilidad. Con esa información, vamos completando nuestro mapa y data histórica. Todo esto termina en informes finales que son de acceso público”, relata el jefe del Departamento de Salud de la institución.

De acuerdo con el investigador, los grupos que han estado trabajando en este tema coinciden en que no hay una gran pérdida de susceptibilidad de la bacteria frente a Oxitetraciclina y Florfenicol. Según un informe reciente, en el caso del primer fármaco, las poblaciones caracterizadas con susceptibilidad reducida no alcanzaban más allá del 9%. En el caso del segundo era más notorio, pues se trataba del 56% de la población. De todas maneras, “esta no debiese ser la razón por la cual no están funcionando los tratamientos con antimicrobianos”, opina el investigador.

El esfuerzo de la industria

Pasando al ámbito privado, Intesal ha estado trabajando los últimos años en dos grandes áreas. La primera está enfocada en identificar los puntos críticos que intervienen en una terapia antibiótica  eficaz. De aquí se desprende la importancia de realizar un tratamiento temprano, de mantener cierta frecuencia en la medicación a través del alimento, de controlar la calidad del fármaco/alimento medicado y de asegurar una correcta dosificación. Además, se ha generado información epidemiológica de base para entender el comportamiento anual de la enfermedad,  distancias de riesgos, eficacia del descanso coordinado y tratamientos antibióticos.

La otra línea de trabajo tiene que ver con la participación de Intesal en el proyecto público-privado  liderado por Sernapesca –financiado por el FIE y empresas socias y no socias de SalmonChile– “Plataforma de gestión sanitaria”, más conocido como “Centro de Enfermedades”. “Esta iniciativa, emblemática para la industria, tiene como objetivo dar respuesta a los vacíos de conocimiento existentes y que permitirán el desarrollo de productos, servicios o prácticas que posibiliten un control sustentable y competitivo de SRS y cáligus”, comenta Rolando Ibarra.

Otra iniciativa que se ha gestado al interior de la industria tiene que ver con el Proyecto de Control Coordinado de SRS, liderado por Aquabench, el cual se inició en 2015 y cuenta con nueve empresas participantes: Aquachile, Camanchaca, Cermaq, Los Fiordos, Salmones Blumar, Salmones Friosur, Salmones Multiexport, Salmones Yadran y Ventisqueros. La iniciativa se basa en un trabajo en equipo “en el cual las empresas comparten sus experiencias y colocan sus esfuerzos en cumplir con las recomendaciones y acuerdos en pro de todos y no solo de su propia conveniencia”, comenta el gerente general de la consultora, Joel Leal.  “La información generada apunta a puntos críticos de la industria, como son las estrategias productivas y de tratamiento, permitiendo a las compañías generar cambios a corto, mediano y largo plazo, con el fin de disminuir las mortalidades por SRS y reducir el uso de antibióticos”, precisa el ejecutivo, quien recalca que el grupo se encuentra abierto a incorporar a más empresas interesadas.

Detección temprana

En general, el mundo científico valora las iniciativas que se han tomado en torno a abordar de mejor forma el SRS y recomiendan enfocar la mirada en acciones preventivas. “Estas tienen que ver con el fortalecimiento del sistema inmune a través de vacunas más eficaces, de manejo nutricional y mediante la mejora en elementos operaciones que son significativos desde el punto de vista de los factores de riesgo”, dice Marcos Godoy, haciendo alusión a mantener una buena calidad de smolt, óptimas condiciones de cultivo, redes limpias y peces sometidos al menor estrés posible. “Estos factores son los que hacen la diferencia entre que tengas un brote o no y la magnitud de este”, comenta el investigador.

El representante de CIBA también llama a poner atención en enfermedades emergentes, como el HSMI, ya que los estudios indican que la aparición de brotes de este virus generalmente precede a los de SRS. “Presumimos que los factores de riesgo son los mismos o que el HSMI constituye un factor de riesgo en sí para que después se presente el SRS. Lo cierto es que las dos enfermedades andan juntas”, precisa Marcos Godoy, advirtiendo que la situación se complejiza porque los peces están luchando contra enfermedades virales y bacterianas que son endémicas y permanentes en los sistemas de cultivo.

Patricio Bustos manifiesta que “en ADL somos optimistas y vemos el control de SRS como algo cercano debido a que estamos obligados a reducir el uso de antibióticos y, además, todos los actores están más alineados en cuanto a los objetivos. De igual forma, contamos con políticas públicas más eficientes y con nuevas vacunas (como la viva atenuada) que muestran mayor eficiencia, lo que se acompaña de poblaciones genéticamente más resistentes”.

En este último punto, cabe destacar que la empresa Blue Genomics ha estado trabajando en el desarrollo de ovas resistentes a Piscirickettsiosis y cáligus. En 2014 se entregaron las primeras ovas de salmón Atlántico resistentes a la bacteria, las que entraron al mar en 2015. Los centros de esa primera prueba ya fueron cosechados “y nos permiten anticipar que efectivamente las instalaciones que han utilizaron dicho marcador tuvieron menos mortalidad por SRS”, de acuerdo con el gerente general de la firma, Matías Medina.

Para Rubén Avendaño “las expectativas que generan los estudios que se están realizando y los esfuerzos de I+D público-privado son muy altas y creo que como país estamos a la altura y con la madurez suficiente para avanzar en generar soluciones contra P. salmonis”. Sin embargo, destaca que se debe ser cauteloso ya que estudiar la Piscirickettsia, debido a los tiempos biológicos de la bacteria y sus complejidades, requerirá años.