Día nacional de la acuicultura: Merecido reconocimiento

Columna de opinión remitida a Medios AQUA por Marcelo Campos Larraín, Socio Director de Acuasesorías Ltda.


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07Ya estamos en noviembre, mes en que el día 30 parece lógico y razonable para hombres y mujeres agradecidos, conmemorar el “Día de la Acuicultura”. En nuestro país, casi a diario se celebra oficial y extraoficialmente por diversas actividades e instituciones. Tanto es así, que nuestro Congreso Nacional ha aprobado diversos proyectos que se han traducido en Leyes, tales como el Día del Bombero, Día del Minero, Día del Océano, Día de la Pesca Artesanal y el Día del Rock Chileno.

Considerando la relevancia que en sus más diversas formas y dimensiones tiene la “Acuicultura” en nuestro país, sin duda el 30 de noviembre debiera ser anualmente reconocido de manera legal, como el día para festejar y reconocer lo que esta importante actividad económica reporta para el desarrollo social y económico de la población.

Mucho se ha escrito respecto de los aspectos productivos y económicos de la acuicultura, tanto por partidarios, como especialmente por detractores de la salmonicultura, sin embargo, poco se dice respecto de su importante rol social y0607 del aporte a la alimentación sana y saludable a nivel nacional y mundial.

En este sentido, es primordial manifestar que salmonicultura no es sinónimo de acuicultura; sí es preciso saber que la salmonicultura es el cultivo de recursos hidrobiológicos que más divisas genera para Chile, pero también se deben reconocer otros tipos de acuicultura, tales como mitilicultura, pectinicultura, halioticultura, ostricultura y alguicultura, que son muy relevantes en el desarrollo de varias regiones del país.

Todas estas variedades de la acuicultura nacional, sin excepción alguna, son un aporte económico y social para el país. Ni los acérrimos detractores de la acuicultura pueden negar que los cultivos de recursos hidrobiológicos generan una relevante cantidad de puestos de trabajo, tanto de manera directa y especialmente de forma indirecta, juntamente con el aporte a la diversificación de las opciones de alimentación. Ésta al ser foco del desarrollo, produce que muchos otros rubros de la economía se justifiquen y crezcan.

En general, el trabajo indirecto se relaciona con las actividades cercanas y fundamentales para la acuicultura (plantas de proceso, laboratorios, frigoríficos y transportes, entre otros), pero -aunque sea más difícil de comprender- es vital reconocer que muchas labores más indirectas dependen necesariamente de ésta. Tal es el caso de supermercados, farmacias, colegios, clínicas, bancos, servicentros y automotoras, entre muchos otros.

Esto que ocurre en el sector privado, también se replica en el sector público con funcionarios dedicados entre varias otras acciones a la salud, obras públicas y fiscalización. Todas estas fuentes de trabajo, que se han desarrollado, crecido y justificado, simplemente no estarían presente a nivel local, si no existiera la acuicultura como un importante motor del desarrollo.

Tampoco es posible negar la gran trascendencia que la acuicultura está teniendo en aspectos relacionados con la soberanía nacional, al hacer uso de espacios geográficos donde difícilmente se pueden realizar otras actividades económicas. Es verdad que Darwin tildó a nuestra Patagonia como un “desierto verde e inútil”, una tierra inhóspita, no obstante, han pasado los años y hoy -gracias al esfuerzo y sacrificio de los acuicultores y sus familias- podemos aseverar que estaba profundamente equivocado, pues no lo es.

Lo que posiblemente le faltó fue una visión de futuro, donde con tecnología, dedicación, compromiso y responsabilidad de hacer las cosas bien, considerando los principios de conservación y sustentabilidad, lo desfavorable se torna favorable.

De esta manera, es transcendental que todos tengamos conciencia del rol, también social, que la acuicultura ha tenido y seguirá teniendo en la medida que siga consolidándose. Somos los propios acuicultores y por qué no considerar además a nuestras familias, los que debemos defender y testimoniar en la comunidad todo lo que es la acuicultura.

Por ello, esperamos que el próximo 30 de noviembre, a todo nivel y en los más diversos ámbitos, se realicen variados eventos que sean de utilidad para conmemorar, reconocer y agradecer a la acuicultura nacional, que tantos beneficios trae a nuestro país y especialmente en los lugares rurales y urbanos donde se desarrolla.

A futuro sería de gran ayuda disponer de un reconocimiento legal para que anualmente el 30 de noviembre se conmemore el “Día Nacional de la Acuicultura”. Importante es destacar que esta iniciativa no pretende establecer dicha fecha como un festivo, sino sólo definirla como una jornada de reflexión en que se realicen diversas actividades y acciones para así difundir y concienciar lo que significa esta actividad económica para Chile y los grandes aportes que sigue entregando en su desarrollo diario a todos sus habitantes.