[OPINIÓN] Una no es ninguna: Todas las medidas son necesarias para detener la sobreexplotación de la merluza

El 1 de septiembre comenzó la veda de la merluza común (Merluccius gayi gayi), conocida coloquialmente como “pescá”. Esta medida, que se extenderá por todo el mes, tiene como propósito proteger a la especie en el período de más alta actividad reproductiva, asegurando así la renovación de su población de peces.

El desove de la merluza ocurre principalmente entre los meses de julio a noviembre[1], con su cúspide entre agosto y octubre, sin embargo, llama la atención que la veda reproductiva se extienda solo por un mes y no por los tres meses de mayor actividad reproductiva[2]. Es por esta razón que es posible encontrar en los puestos de venta de pescado a hembras con huevos en los meses de agosto y octubre, aspecto que debería ser uno de los primeros a considerar por la autoridad si es que está realmente comprometida con la recuperación de la merluza.

La veda, aplicada de manera correcta, es un instrumento esencial para asegurar una nueva generación de peces, sin embargo, está lejos de ser la única medida que garantice la recuperación de esta pesquería. Según el Estado de Situación de las Principales Pesquerías Chilenas, publicado anualmente por la Subsecretaria de Pesca y Acuicultura (Subpesca), la merluza común se encuentra sobreexplotada desde el año 2016. A pesar de esto, la Cuota Global Anual de Captura (CGAC) -que define cuánto se puede pescar de esta especie- ha sido incrementada progresivamente desde 19.000 toneladas (2014) -cuando la especie estaba colapsada-, hasta las actuales 37.900 toneladas, acercándose a los valores previos a la implementación de la Ley N°20.657 de 2013, la cual estableció nuevos parámetros para la definición de la CGAC en que el criterio científico adquirió un rol más relevante.

Resulta paradójico que, aun cuando el recurso no experimenta mejoras significativas, la CGAC ha seguido en aumento, lo que se contrapone al principio precautorio establecido en la ley mencionada y a la recuperación del recurso. Este es un tema que debe ser atendido con urgencia por la autoridad, y considerando la situación de sobreexplotación de la especie, se deben tomar medidas más conservadoras en cuanto a la definición de la CGAC.

Por otra parte, respecto a la distribución y métodos de captura de la merluza, en la Ley N°20.657 de 2013 quedó establecido un fraccionamiento de la CGAC, el cual distribuye su captura en un 60% para la pesca industrial y un 40% para la pesca artesanal. En este sentido, es importante señalar que los métodos de captura del sector artesanal e industrial son distintos: por una parte, la pesca artesanal utiliza el enmalle y espinel, mientras que la industria lo hace a través de pesca de arrastre de fondo. Esta última técnica es fuertemente cuestionada a nivel mundial por el impacto que produce en el fondo marino y por la baja selectividad del arte, especialmente en cuanto a talla de los individuos capturados.

Otro de los temas de preocupación para la recuperación de esta especie es la pesca ilegal, problema que se contrapone a los esfuerzos de conservación y recuperación de la pesquería. Resulta necesario implementar fórmulas efectivas para desincentivar la pesca ilegal, y esto no puede pasar exclusivamente por implementar medidas sancionatorias o de control más estrictas, sino por buscar caminos que den solución a aquellos pescadores que están realizando esta actividad ilícita para entender las razones que los llevan a esto y encontrar soluciones constructivas.

Todo lo anterior es tema constante de discusión con respecto a las medidas necesarias para sacar a esta especie emblemática de la sobreexplotación, sin embargo, existe una medida que llama especialmente nuestra atención sobre la “pescá”, por lo simple de su aplicación: la talla mínima de extracción. Existen innumerables estudios que dan cuenta del tamaño en el cual las merluzas alcanzan su madurez sexual, de modo que la prohibición de pesca bajo esa talla aseguraría que los individuos se reproduzcan al menos una vez antes de ser capturados, procurando así la renovación de la población. Esta es una medida de fácil de implementación, que solo requiere de un decreto que la establezca, pero a la fecha la Subpesca no ha fijado una talla mínima de captura para esta emblemática especie, aun cuando si existe para otros recursos. En los mercados y ferias podemos encontrar no solo hembras con huevos, sino también ejemplares de 20 centímetros, que más bien se asemejan al tamaño de un pejerrey. La inexistencia de una talla mínima de extracción es un incentivo perverso que lleva a quien captura a hacer un nulo esfuerzo en reducir la extracción de ejemplares juveniles y no aporta a la sustentabilidad de la especie, sino solo a mantener su actual estado de sobreexplotación[3].

Desde Fundación Terram, consideramos que para recuperación de la merluza se deben desarrollar un conjunto de medidas, entre las que se encuentran la extensión del período de la veda reproductiva; revisar las cuotas globales de captura; artes de pesca selectivos; y establecer una talla mínima de captura, entre otras. Por ello hacemos un llamado a que la autoridad pesquera implemente todas las acciones necesarias para sacar a la merluza común de la sobreexplotación, y al menos establezca la talla mínima de extracción para esta especie, pues es un sinsentido poner tantos esfuerzos y recursos en detener la captura de la especie en el período reproductivo a través de la veda si después no protegeremos a estos mismos peces para que puedan llegar a ser adultos.

[1] http://www.subpesca.cl/portal/616/articles-90069_documento.pdf

[2] http://www.subpesca.cl/portal/615/articles-93729_documento.pdf

[3] http://www.subpesca.cl/portal/616/articles-107314_recurso_1.pdf