(Terra) A pesar de la gran variedad de productos del mar con que contamos en el país, los chilenos no somos grandes consumidores de pescado, por el contrario, la relación per cápita es de 7 kilos al año, contra los más de 87 kilos de carne que comemos.
Una de las razones para explicar estas cifras, es el alto precio del pescado chileno, y así lo entendieron las empresas más importantes del rubro, las que desde hace aproximadamente ocho años han llenado las estanterías locales con pescados asiáticos más baratos, y sin espinas, lo que ha sido bien recibido por el reducido mercado.
Inicialmente se vendió como blanquillo, pero los conocedores del rubro pusieron un grito en el cielo al darse cuenta del engaño. No era blanquillo, aquel pez de mar que se reproduce en aguas frías, de carne sabrosa y blanca. No, se trataba en cambio del pangasio de río, un polémico producto proveniente de Vietnam, cuya exportación ha causado gran polémica en el extranjero por las condiciones sanitarias en que se cultivan.
Las autoridades locales han asegurado en repetidas ocasiones que todas las importaciones de este pescado cuentan con los estándares exigidos por la normativa vigente. Sin embargo, ¿qué hace que persista la duda entre los consumidores? ¿Por qué si estos pescados son tan inocuos como aseguran, les cambiaron el nombre para insertarlos en el mercado local, y en otros países como España y Estados Unidos?
«Panga», el llamado ratón de agua
Las principales quejas contra este espécimen, apuntan principalmente al ambiente en que se cultivan, el contaminado Delta del Mekong en Vietnam, un río de oscuras aguas que recibe los desechos de las miles de familias que habitan en sus orillas y de las industrias locales que vierten allí sus residuos sin ningún tipo de control, al punto que las organizaciones internacionales han enfatizado que las personas que allí habitan están expuestas a serios riesgos de envenenamiento.
Además de desperdicios y sustancias tóxicas, el pangasio es alimentado por sus cultivadores con animales muertos de toda índole y harinas vegetales. En resumidas cuentas come de todo, lo que le ha valido el apodo de ratón de agua.
Ante esta realidad, un documental francés titulado “Qu’est ce qu’un panga?” («Qué es un panga?») levantó la alerta, generando un pánico colectivo, que llegó incluso a generar la prohibición del consumo de pangasio en escuelas de algunas provincias españolas. Esto, bajo la justificación de que análisis realizados en diversos países como España y Estados Unidos, entre otros, arrojaron índices positivos de productos químicos, biotoxinas y metales pesados como el mercurio y el arsénico, aunque supuestamente en cantidades inferiores a las necesarias para producir daño a los consumidores.
De hecho, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) afirmó en 2010 que el «panga» no supera el límite de 0,5 mg/Kg. de peso de metil-mercurio, pero sí llegaban a la mitad de esta cifra, lo que permite pensar que con una frecuencia de ingesta semanal alta de estos pescados, pudieran ingerirse niveles elevados de este contaminante y poner en peligro la salud, sobre todo la de las poblaciones de grupos vulnerables (niños y mujeres embarazadas), debido a su efecto acumulativo.
En Chile, en tanto, el Ministerio de Salud exigió que la rotulación de estos pescados asiáticos, entre los que también entra la tilapia, antes vendido como merluza sin piel, deba llevar su denominación de origen, para que el consumidor sepa lo que está comprando. Y si bien ha descartado de plano la contaminación de esta polémica especie, o de otras que ingresan al país, recomienda también no consumirlo más de una vez a la semana.
La nutricionista de Megasalud, Sara Parra, descartó que sea riesgoso consumir este tipo de pescado, aunque destacó que su aporte de Omega 3 es muy bajo, en comparación con el del salmón, la sardina o el jurel.
“Según los análisis que ha realizado la Secretaría Regional Ministerial (Seremi) de Salud Metropolitana en relación con el contenido de mercurio, arsénico, cadmio y plomo que tiene el pangasio, estos estarían por debajo de los niveles permitidos, por lo que sería inocuo y no riesgoso consumirlo”, explicó, agregando que si se comercializa es porque ha pasado los controles sanitarios. “No hay razones por las que nuestra autoridad de salud permitiera el ingreso de peces contaminados al mercado chileno”, enfatizó la nutricionista.
De todas maneras, envía un mensaje tranquilizador, al comentar que “debido a que se conoce la procedencia de agua dulce y la incertidumbre que hay frente a su posible contaminación, en la Seremi de Salud se están haciendo frecuente los muestreos respectivos para certificar la salubridad de las importaciones”.
No obstante, desestimó algún riesgo al consumirlo; eso sí, tampoco invitó a los chilenos a preferirlo, ya que aunque su aporte nutricional bordea las 107 kcals por cada 100gr, con un 18% de contenido de grasa, similar a otros pescados grasos, y un 15% de proteínas, poco menos que otras especies, su contenido de Omega 3 es notablemente inferior.
“A la hora de comer pescado lo que más debemos destacar es su contenido de Omega 3, la que no supera el 1% en el caso del pangasio versus el 9% que podemos encontrar en el salmón o la sardinas”, detalló.
Finalmente, la especialista dijo que si bien “no podemos asegurar que es riesgoso para la salud, tampoco podemos asegurar que es el mejor reemplazo de nuestros pescados locales. Debido que lo más destacable del pescado es el Omega 3 (EPA/DHA) y de estos son buena fuente los pescados como sardinas, salmón, atún y jurel”.

