Observadores científicos en pesquerías y la importancia del dato

No hay que engañarse, el reciente informe de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) sobre el “Estado de situación de las principales pesquerías chilenas al año 2019”, no pinta un cuadro alentador, sin perjuicio de que la administración con criterios científicos está surtiendo ya algunos efectos al observar, por ejemplo, mejoras en la condición del stock de jurel. Sin embargo, un dato en el que pocos han reparado es que de las 44 pesquerías analizadas en dicho informe, el 39% no tiene su estado de explotación determinado. Esto se hace aún más grave si consideramos que en Chile, según los registros del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), se desembarcan más de 150 especies, entre peces, moluscos, crustáceos, algas y otros tipos de recursos. Con eso podríamos llegar a que el desconocimiento del estado de nuestras pesquerías alcanzaría a más del 80%. Es como si una familia de cinco personas quisiera saber si están infectados con Covid-19, pero solo hay capacidad de examen PCR para uno de ellos. Así estamos testeando la salud de nuestras pesquerías.

Es por esto que para la recuperación de las pesquerías nacionales y el desarrollo sustentable del sector es primordial disponer de información y conocimiento; lo cual se estructura sobre los datos que se toman de estas pesquerías. En suma, el dato está en la base del manejo sustentable de las pesquerías, y este debe ser oportuno, preciso, fidedigno y en las cantidades que se requieran con criterios estadísticos.

El IFOP tiene el mandato legal de colectar los datos pesqueros, biológicos y económicos de la actividad, y en eso hace grandes esfuerzos con el despliegue de 200 observadores científicos desde los puertos de Arica (región de Arica y Parinacota) a Puerto Williams (región de Magallanes y de la Antártica Chilena). En total, estos hombres y mujeres capacitados por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y acreditados por la Subpesca realizan más de 70.000 eventos de muestreo al año, ya sea a bordo de embarcaciones, en muelles y plantas de procesamiento. La labor más dura la realizan los observadores científicos embarcados, quienes al año realizan cerca de 11.000 días de observación a bordo, en las mismas condiciones en que se desempeñan las tripulaciones y los pescadores.

La principal misión de los observadores científicos es y debe ser la obtención de los datos que sustentan el monitoreo y evaluación de las cerca de 50 pesquerías que se estudian. Sin embargo, sabemos que esta labor no es fácil. Basta imaginar estar en el mar por largos períodos de tiempo, rodeado de maquinaria pesada, movido por olas y viento, sobre superficies resbaladizas, durmiendo en espacios minúsculos, muchas veces sin algún tipo de privacidad. Las condiciones de trabajo son duras, y los observadores científicos de IFOP trabajan a la par con pescadores y tripulaciones, día a día, enfrentando los mismos peligros, amenazas e incomodidades. En efecto, a pesar de que estudios de FAO sobre accidentabilidad en pesquerías comerciales, ponen al país entre las más seguras de las naciones pesqueras, no podemos desconocer la realidad de que las embarcaciones pesqueras son lugares peligrosos y que los observadores científicos se desenvuelven en situaciones difíciles.

Pero los observadores encuentran otros peligros también. Generalmente, son vistos por los pescadores y tripulaciones de manera positiva, como parte de la cadena que elabora información y conocimiento para el manejo sustentable de nuestras pesquerías. Pero no se puede desconocer también, que en ocasiones son apreciados con recelo y a veces tratados con hostilidad por algunos pescadores y tripulaciones. Si no se manejan adecuadamente, estas fricciones pueden crear ambientes de trabajo mucho más arduos para ellos.

Precisamente, es necesario recordar que los armadores tienen obligaciones legales con respecto a los observadores científicos. En efecto, el Decreto Supremo No.193 de 20 de diciembre de 2013, establece las obligaciones de los armadores pesqueros industriales y artesanales en naves o embarcaciones y puntos de desembarque, y de los gerentes o administradores de las plantas de procesamiento, para facilitar la recopilación de datos biológico-pesqueros por parte de los observadores científicos como asimismo para garantizar las condiciones adecuadas de trabajo, habitabilidad, comunicación y seguridad personal.

Los observadores científicos son los ojos y oídos del país en y bajo agua. Ellos son colegas que desempeñan un rol crítico en apoyo de la ciencia y el manejo pesquero. El IFOP en primer lugar, pero también los armadores pesqueros, gerentes, capitanes, patrones, tripulaciones y pescadores tienen el deber de apoyarlos y facilitar su labor, por el bien y sustentabilidad de la propia actividad en la cual se desempeñan. A su vez, nuestros observadores tienen el deber de ir tras el dato, aún en las condiciones más adversas, pues ese es el compromiso y tesón que ha caracterizado al programa de observadores científicos de IFOP, el cual tuve el privilegio de conocer de cerca.

Con todo, para cubrir esa brecha de información que tiene al 80% de nuestras pesquerías sin que sepamos su estado de salud, se debe comenzar por potenciar y fortalecer el programa de observadores científicos de IFOP. Este es solo uno de los varios desafíos que aún enfrenta la gestión de las pesquerías en Chile, por eso cabe preguntarse: ¿Cómo ayuda en esta tarea la propuesta de un nuevo Ministerio de Agricultura que absorbe a la actual institucionalidad pesquera?

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