La acuicultura se ha consolidado como una industria clave para el desarrollo económico de Chile y para la seguridad alimentaria global. De acuerdo con la FAO, en 2022 la actividad superó por primera vez a la pesca extractiva, alcanzando 94,4 millones de toneladas, y se proyecta que representará cerca del 56% de la producción mundial hacia 2034.
En este escenario, el desafío ya no está únicamente en crecer, sino en hacerlo con mayores niveles de eficiencia, sostenibilidad y resiliencia.
En el caso de Chile, las exportaciones de salmón y trucha alcanzaron US$6.549 millones en 2025, representando el 29% de los envíos de alimentos y el 48% de los alimentos industriales del país. A nivel global, el país se posiciona como el segundo productor mundial de salmón de cultivo, concentrando cerca del 27% de la producción total.
Sin embargo, la industria enfrenta desafíos relevantes asociados a la operación en entornos complejos, como centros de cultivo ubicados en zonas remotas, condiciones climáticas exigentes, alta sensibilidad ambiental y crecientes exigencias regulatorias. A ello se suman variables críticas como riesgos sanitarios, trazabilidad, logística y continuidad operacional, que inciden directamente en la productividad.
Frente a este contexto, la digitalización y la inteligencia artificial comienzan a consolidarse como herramientas clave para avanzar hacia una acuicultura más eficiente, transitando desde la adopción de soluciones aisladas hacia una integración real de datos, procesos y capacidades.
“La industria acuícola debe avanzar hacia una digitalización que le permita capturar valor; optimizando su operatividad mediante procesos tecnológicos que hoy existen, pero que es necesario incorporarlos con una mirada sistémica y de eficiencia del negocio. Sólo así podremos hablar de acuicultura 4.0”, afirmó gerente comercial de Entel Digital, Nicolás Goncalves.
El concepto de acuicultura 4.0 apunta precisamente a esa integración, combinando conectividad, sensores, captura de datos en tiempo real, analítica avanzada e inteligencia artificial. Esto permite evolucionar desde modelos reactivos a esquemas predictivos, donde es posible anticipar eventos, optimizar recursos y mejorar la toma de decisiones.
Uno de los ámbitos donde este cambio resulta más relevante es la gestión sanitaria. En entornos de alta densidad, la detección temprana de enfermedades, parásitos o eventos de mortalidad puede definir el desempeño productivo. En países como Noruega, el uso de modelos predictivos y sistemas avanzados de bioseguridad ha permitido elevar los estándares de eficiencia.
“Para alcanzar ese nivel, es fundamental operar con datos en tiempo real, lo que permite anticipar riesgos sanitarios y cumplir con la normativa ambiental”, sostuvo Goncalves.
Condiciones habilitantes y brechas
No obstante, la captura de valor de estas tecnologías depende de factores habilitantes como la conectividad en zonas aisladas, la interoperabilidad de sistemas, la ciberseguridad y la capacidad de transformar datos en información útil.
En este sentido, el desafío no radica únicamente en incorporar más dispositivos, sino en construir una arquitectura digital integrada que permita abordar problemáticas concretas de la operación, como la reducción de mortalidad, la optimización de recursos, el cumplimiento normativo y la mejora en la trazabilidad.
“Hoy el foco debe estar en aplicar la digitalización a problemas reales de la operación. El valor no está en la tecnología por sí sola, sino en su capacidad de mejorar la productividad y los resultados de la industria”, enfatizó el ejecutivo.
Asimismo, la dispersión geográfica de la acuicultura chilena posiciona a la conectividad como un activo estratégico, no solo para la transmisión de datos, sino también para habilitar operaciones en tiempo real en entornos remotos.
“Como segundo productor mundial de salmón, Chile tiene la oportunidad de fortalecer su competitividad global, pero ello requiere acelerar la adopción de tecnologías que permitan cerrar brechas de productividad frente a líderes internacionales”, agregó.
De esta forma, la acuicultura chilena enfrenta una oportunidad estratégica: consolidar su liderazgo no solo en volumen de producción, sino también en eficiencia, sostenibilidad y desarrollo tecnológico, en un escenario cada vez más exigente a nivel global.
Fotografía: Entel Digital