La salmonicultura chilena se encuentra en un momento clave de su desarrollo. Mientras el sector mantiene su relevancia económica y afianza su sostenibilidad con certificaciones internacionales, enfrenta desafíos significativos en términos de regulación, competitividad e incertidumbre política.
Para Carlos Odebret, presidente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes, es fundamental fortalecer el marco normativo y construir una visión de largo plazo que permita a la industria seguir creciendo de manera responsable y eficiente.
En esta conversación con Medios AQUA, Odebret proyecta una industria consolidada para 2050, con sistemas altamente tecnificados, menor impacto ambiental y un fuerte posicionamiento en los mercados internacionales. Sin embargo, advierte que el camino hacia este escenario requiere un esfuerzo conjunto entre el sector público y privado, con un enfoque en la innovación, la colaboración con las comunidades y el desarrollo de un marco regulatorio que fomente la inversión y la estabilidad operativa.
Si tuviera que hacer un breve análisis del estado actual de la acuicultura en el país, ¿cuáles serían los cinco elementos que destacaría en los positivo, y los cinco elementos en lo negativo?
El valor de la industria del salmón se mantiene firme. Los consumidores lo perciben como un alimento rico y saludable. Mientras, se fortalece el atributo de una proteína de bajas emisiones al compararla con otras. Asimismo, los indicadores de sostenibilidad son cada vez más sólidos y reconocidos por clientes y otras agencias a través de certificaciones.
El riesgo sanitario para los peces se mantiene controlado, mientras que se han fortalecido las medidas para evitar contingencias operativas.
Por su parte, trabajadores, proveedores, comunides locales y diversos actores validan la importancia de la actividad para el bienestar de las personas, pues la economía es naranja en el sur austral.
Sin embargo, a nivel central, no se tiene la misma valoración. No veo a los tomadores de decisiones en políticas públicas comprometidos con un desarrollo sostenible de la actividad y, tal parece, que el ánimo en los últimos años ha sido el decrecimiento. Algunos han intentado instalar la idea de una “transición justa” para la gente del sur, buscando un ilusorio e irresponsable “reemplazo” de la actividad. Debido a este tipo de señalaes, se ha profundizado la incertidumbre para las inversiones y operaciones, no hay confianza.
Mientras, cada vez más voces insisten en la idea de construir una mirada de largo aliento, pidiendo resolver las brechas regulatorias que tienen frenado el desarrollo.
Imaginando en la industria que queremos tener en 2050, ¿cómo la describiría? ¿cuáles serían los elementos centrales que la podrían describir?
Para el 2050 el salmón se habrá consolidado como el principal alimento de exportación de Chile. Los chilenos nos sentiremos orgullosos de esta proteína por tratarse del principal embajador del país en el mundo.
La demanda crecerá y es probable que nuevos actores con nuevos sistemas de producción compitan en los mercados. Para ese entonces, Chile será un actor relevante también en la exportación de innovación, tecnología y conocimiento relacionada con la acuicultura.
El desarrollo biotecnológico y genético permitirá tener salmones más robustos y resistentes a enfermedades, sin embargo, los asuntos sanitarios serán una forzante importante, especialmente por los cambios en las variables ambientales y oceanográficas causadas por el cambio climático.
Para el 2050 los procesos estarán altamente automatizados. Los sistemas de monitoreo ambiental y de salud de los peces entregarán predicciones en tiempo real lo que permitirá implementar medidas de mitigación de riesgos muy efectivas.
En los próximos años se logrará mejorar nuestro sistema productivo. Con menos concesiones, pero de gran tamaño y distanciadas entre sí. Generando un modelo eficiente y de menor riesgo ambiental, con un crecimiento equilibrado.
¿Cuáles son los principales desafíos para pasar del estado actual al proyectado en 2050?
El principal desafío es construir un marco regulatorio que permita mejorar la competitividad del sector. Es impresindible crear los incentivos para transitar hacia un modelo de producción más eficiente que crece responsablemente.
¿Cuáles son las principales acciones que deberíamos tomar para alcanzar el objetivo?
No habrá crecimiento ni sistema regulatorio que mejore la competitividad del sector sin la participación e inclusión de los trabajadores, proveedores, comunidades y organizaciones del borde costero. Por lo que debemos compartir una visión común, traducida a un mapa donde se desplieguen los atributos, potencialidades y usos del territorio marítimo de la patagonia.
La mayor parte de las innovaciones serán desarrolladas por y desde los proveedores, por lo que la red con universidades y centros de investigación será clave para acelerar la respuesta hacia procesos más tecnificados y, a la vez, fortalecer el capital humano de las regiones del sur.
El posicionamiento del producto y la diversificación de mercados requerirá de un gran esfuerzo público – privado, especialmente en países emergentes. La diplomacia y el posicionamiento de la marca Salmón de Chile juegarán un rol muy importante en un mundo cada vez más exigente respecto al origen.
Fotografía: Carlos Odebret