[LA + LEÍDA EL JUEVES] Christian Correa: “El bienestar animal en la fase de agua dulce es un pilar estratégico”

El subgerente de Salud de Invermar aborda el uso de indicadores, sensores y análisis fisiológicos para resguardar el bienestar de los peces mediante herramientas de acuicultura de precisión.

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La fase de agua dulce ocupa un lugar estratégico dentro del modelo productivo de Invermar. Es en esta etapa donde se construye la base fisiológica del pez, se desarrolla su competencia inmunológica y se define la calidad de la smoltificación, factores que inciden posteriormente en su desempeño en el mar.

Así lo explicó el subgerente de Salud de Invermar, Christian Correa Ojeda, quien señaló que la compañía entiende el bienestar animal como una inversión productiva. El enfoque busca favorecer el potencial genético, la respuesta a las vacunaciones y la preparación para la transferencia, junto con indicadores como factor de conversión, sobrevivencia, crecimiento y uniformidad.

“Para Invermar, el bienestar animal en la fase de agua dulce es un pilar estratégico, sustentado en el modelo de la acuicultura de precisión, y no un requisito accesorio. La etapa dulce acuícola es donde se construye la base fisiológica del pez: define su robustez, su competencia inmunológica y la calidad de la smoltificación, factores que determinan en gran medida el desempeño posterior en el mar”, afirmó.

Gestión basada en evidencia

Invermar transitó desde una aproximación centrada en la capacitación y el cumplimiento normativo hacia una gestión basada en evidencia e integrada en la operación diaria. Esta evolución incluye indicadores operacionales de bienestar (OWIs) objetivos y auditables, además de protocolos estandarizados de manejo, alimentación, densidades y salud preventiva.

La empresa también avanzó desde el marco de las “cinco libertades”, centrado en evitar el sufrimiento, hacia una mirada más cercana a los “cinco dominios”, que también busca promover estados afectivos positivos. El modelo se adapta a los requerimientos de la especie y de cada etapa del ciclo en agua dulce mediante herramientas de monitoreo y precisión.

Variables ambientales e indicadores del pez

Para evaluar el bienestar en piscicultura, la compañía distingue entre los factores ambientales y de manejo que pueden condicionarlo y los indicadores basados en el propio animal, que reflejan su estado real.

La calidad del agua es considerada el factor más crítico. Su monitoreo comprende oxígeno disuelto, temperatura, pH, CO₂, amonio total y su fracción no ionizada, nitritos, nitratos, sólidos suspendidos, alcalinidad y saturación total de gases, entre otros parámetros. En sistemas intensivos, el control del CO₂ y de la sobresaturación de gases es tan importante como el del oxígeno.

También se considera la densidad, ya que condiciones inadecuadas pueden deteriorar la calidad del agua, generar estrés crónico, favorecer el daño de aletas y aumentar la susceptibilidad a patógenos. La estrategia nutricional contempla alimento de alta calidad, frecuencias y raciones ajustadas a la etapa biológica y dietas funcionales orientadas a la salud.

En los manejos, el objetivo es minimizar la manipulación y aplicar protocolos cuidadosos durante selecciones, vacunaciones y traslados, con ayunos y tiempos de recuperación adecuados.

La evaluación basada en el animal considera su comportamiento, apetito, condición morfológica, salud branquial y ocular, estado de smoltificación, sobrevivencia y factor de condición.

“Comportamiento: formación adecuada del cardumen, natación activa y distribución normal dentro de la unidad de cultivo. Apetito y respuesta a la alimentación: reflejo directo e inmediato del estado de salud y bienestar. Condición morfológica: estado de aletas (erosión), piel y escamas, ausencia de heridas y de deformidades esqueléticas. Salud branquial y ocular: branquias limpias y bien perfundidas, ojos claros sin cataratas ni exoftalmia. Estado de smoltificación: indicador propio de la fase de agua dulce, que evalúa la preparación fisiológica del pez para la transferencia al mar. Sobrevivencia y factor de condición: los patrones de mortalidad y la condición corporal como indicadores poblacionales del estado del lote”, precisó Correa.

Monitoreo y acuicultura de precisión

Cada Ecopiscicultura dispone de un laboratorio que mide diariamente más de 23 parámetros de calidad del agua, además de sensores en línea y sistemas de alarma para detectar y corregir anomalías inmediatamente. Invermar cuenta también con sistemas de tratamiento y purificación que reducen los metales pesados y aseguran una calidad óptima de manera estable.

En el plano del animal, la empresa incorporó cámaras de biomasa y bioestimación. El seguimiento incluye la bioseguridad y los procesos asociados con el transporte, las selecciones y las vacunaciones, además de indicadores fisiológicos de estrés y bienestar.

“En el plano del animal, y gracias a las herramientas de acuicultura de precisión, hemos incorporado cámaras de biomasa y bioestimación capaces de registrar de forma continua indicadores operacionales de bienestar y comportamiento. A ello se suma el monitoreo permanente de la bioseguridad y de los procesos asociados al transporte, selecciones y vacunaciones y el seguimiento de indicadores fisiológicos de estrés y bienestar (parámetros sanguíneos como cortisol, glucosa y lactato, entre otros), que nos permiten caracterizar objetivamente el impacto de cada manejo y validar la calidad del proceso de smoltificación”, explicó el ejecutivo.

Estabilidad ambiental y decisiones oportunas

Uno de los principales desafíos es mantener condiciones ambientales óptimas y estables en una operación intensiva. Esto exige controlar integradamente el CO₂, la saturación de gases y la estabilidad de los sistemas de tratamiento de agua. Otro reto es compatibilizar la bioseguridad y la salud preventiva con la mínima intervención, pues las vacunaciones y selecciones necesarias también son fuentes de estrés.

“El principal desafío es sostener condiciones ambientales óptimas y estables bajo una operación intensiva, utilizando la acuicultura de precisión para controlar de forma integrada variables exigentes como el CO₂, la saturación de gases y la estabilidad de los sistemas de tratamiento de agua. Un segundo desafío es conciliar la bioseguridad y la salud preventiva con la mínima intervención sobre el pez: procesos necesarios como la vacunación o las selecciones son también fuentes de estrés que debemos gestionar con precisión”, manifestó.

A ello se suma la necesidad de asegurar una smoltificación de calidad sin comprometer el bienestar, estandarizar la evaluación con indicadores objetivos y validados, gestionar la variabilidad ambiental del agua de origen y anticiparse a los desafíos sanitarios. El reto, sostuvo Correa, es equilibrar la intensificación productiva y el bienestar, transformando el volumen de datos generado en decisiones oportunas.

El rol determinante de las personas

Pese al uso de tecnología, las personas continúan siendo determinantes. Los equipos observan diariamente a los peces, reconocen tempranamente los indicadores y aplican los protocolos, por lo que la empresa invierte en capacitación y competencias técnicas.

“Las personas siguen siendo el factor determinante del bienestar, incluso al operar bajo modelos de acuicultura de precisión. Ninguna tecnología reemplaza el criterio del equipo que observa a diario a los peces, reconoce tempranamente los indicadores de bienestar y aplica correctamente los protocolos. Por eso invertimos en capacitación continua, en el desarrollo de competencias técnicas y en consolidar una cultura de bienestar animal transversal a la operación. Los equipos son la primera línea de detección y respuesta, y su compromiso, sumado a la incorporación de nuevas tecnologías de acuicultura de precisión, es lo que sostiene los estándares en el tiempo”, concluyó Christian Correa.

Fotografía: Invermar

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