La salmonicultura chilena ha demostrado una notable capacidad de innovación para enfrentar desafíos productivos, sanitarios y ambientales. Sin embargo, existe un ámbito donde los retos siguen siendo particularmente complejos: las labores subacuáticas realizadas por buzos profesionales, una actividad esencial para la operación de los centros de cultivo, pero que continúa concentrando riesgos relevantes para la seguridad y salud de los trabajadores.
Durante años, gran parte de la gestión preventiva ha estado enfocada en procedimientos, registros, capacitaciones y autorizaciones. Si bien estos elementos son necesarios, hoy la industria enfrenta el desafío de avanzar hacia una prevención más efectiva. La primera pregunta frente a una tarea crítica no debería ser únicamente si existe un procedimiento aprobado, sino si esa labor requiere necesariamente la intervención de una persona bajo el agua.
La jerarquía de controles en seguridad y salud ocupacional establece que la medida preventiva más eficaz es eliminar el peligro y, cuando ello no sea posible, sustituirlo por alternativas de menor riesgo. En el caso del buceo profesional, esto implica evaluar de manera sistemática qué actividades pueden ser automatizadas, robotizadas o ejecutadas desde superficie mediante vehículos operados remotamente, sistemas de monitoreo u otras tecnologías que hoy ya forman parte de la evolución de la acuicultura.
La seguridad continúa siendo una materia prioritaria para la industria. En ese contexto, las estadísticas de Directemar permiten monitorear la evolución del buceo profesional en Chile y orientar acciones de mejora continua. Los avances registrados durante los últimos años han impulsado el fortalecimiento de medidas preventivas, capacitación y buenas prácticas, contribuyendo al desarrollo de una actividad cada vez más segura y profesionalizada.
Un segundo desafío es abordar de manera integral la salud ocupacional de los buzos. Las enfermedades profesionales asociadas a la exposición hiperbárica suelen desarrollarse de forma silenciosa y manifestarse años después. Datos de la Superintendencia de Seguridad Social muestran que entre 2016 y 2023 se registraron 609 denuncias de enfermedad profesional en buzos, de las cuales 373 fueron calificadas como tales. La osteonecrosis disbárica concentró la gran mayoría de los casos reconocidos, con especial incidencia en la región de Los Lagos.
En este contexto, la vigilancia de salud resulta indispensable, pero no debe confundirse con prevención. Detectar daño es importante, pero prevenirlo exige identificar tareas críticas, evaluar exposiciones, implementar controles eficaces, supervisar su cumplimiento y corregir oportunamente las brechas detectadas. Del mismo modo, la experiencia demuestra que el autocuidado, por sí solo, no constituye una estrategia suficiente cuando existen factores que pueden desincentivar el reporte oportuno de síntomas o condiciones de salud.
La implementación del DS N°44 y la reciente entrada en vigencia de la Ley N°21.789 abren una oportunidad para fortalecer los estándares del sector mediante sistemas de gestión de seguridad y salud en el trabajo más robustos, basados en evidencia y orientados al control efectivo de los riesgos. El desafío para la industria no es únicamente cumplir con nuevas exigencias regulatorias, sino aprovecharlas para consolidar una gestión preventiva más madura y sostenible.
La salmonicultura ha demostrado que la innovación es una herramienta clave para su desarrollo. Aplicar esa misma capacidad a la protección de quienes trabajan bajo el agua es el siguiente paso. Avanzar hacia la eliminación de riesgos, incorporar tecnología donde sea posible y fortalecer la gestión preventiva permitirá proteger mejor a los trabajadores y contribuir, al mismo tiempo, a la sostenibilidad futura de la actividad.