Se perdió el jurel: ¿Tenemos que esperar una crisis para valorar la pesca?

En esta columna de opinión del presidente del Sindicato de Patrones de Pesca, Juan Carlos González, aborda la actual crisis del jurel en la zona centro-sur del país, el impacto que está teniendo sobre trabajadores y comunidades ligadas a la pesca, además de la necesidad de avanzar hacia una legislación que incorpore con mayor fuerza el cambio climático, la investigación científica y la protección de una actividad clave para la economía regional.

Por años, hablar mal de pesca industrial en Chile parecía casi un deporte nacional para algunos: críticas, caricaturas, desconfianza y discursos fáciles. Que las cuotas, que las empresas, que los depredadores, que la ley, que esto y lo otro. Pero bastó que el jurel desapareciera de nuestras costas para que de pronto todos se acordaran de la enorme importancia de esta actividad. Ahora sí aparecen los expertos, los análisis, las alarmas y las preocupaciones. Ahora sí parece importar.

Y claro que importa, porque detrás del jurel no hay solamente barcos o plantas. Hay miles de trabajadores, familias completas, barrios enteros y comunas que dependen de esta cadena productiva. El Biobío no es cualquier región pesquera: Es la capital pesquera de Chile y la capital mundial del jurel. Eso no es un slogan inventado para un folleto. Es historia, empleo, desarrollo industrial y cultura de trabajo.

Hoy la crisis es real. Las cifras son durísimas. Según datos conocidos esta última semana, las capturas industriales apenas llegan al 28% de la cuota anual, cuando normalmente a esta altura del año deberían bordear el 60%. Cerca del 80% de la flota industrial permanece en puerto porque simplemente el recurso no aparece.

Pero más allá de las cifras, acá hay una realidad que se está viviendo en los puertos y en las plantas. Hay tripulaciones que pasan días completos navegando, gastando combustible, buscando biomasa, y vuelven prácticamente vacías. Hay trabajadores preguntando cuánto más aguanta esta situación. Hay turnos suspendidos y familias completas mirando con incertidumbre las próximas semanas. Eso no aparece en los debates políticos de Santiago, pero acá en el Biobío se siente todos los días.

Y lo más increíble es que recién ahora muchos parecen entender la importancia de esta actividad. Durante años fue fácil pegarle a la pesca desde oficinas, estudios de televisión o redes sociales, sin tener idea de lo que significa esta pega para miles de familias. Siempre se hablaba de la industria como si fuera solamente conflicto, pero cuando el pescado desaparece, ahí sí todos se acuerdan de que existimos.

¿De verdad necesitábamos una crisis para entender el valor que tiene la pesca para esta región?

Porque cuando el Biobío se mueve, gran parte de Chile también se mueve. Acá no estamos hablando solamente de barcos. Estamos hablando de astilleros, transportistas, mecánicos, frigoríficos, comercio local, puertos, pymes y miles de empleos indirectos que dependen de esta actividad. Cuando la pesca cae, no cae sola.

Y ojo: esta no es la primera vez que pasa algo así. Ya vivimos situaciones complejas con la sardina hace algunos años. También hubo temporadas donde el recurso simplemente cambió su comportamiento y la crisis golpeó fuerte. Por eso cuesta entender que todavía sigamos discutiendo la pesca como si el cambio climático fuera un tema secundario.

El mar cambió. Eso ya no es discusión ideológica ni teoría para seminarios, , eso ya lo sabemos hace rato quienes trabajamos arriba de un barco. Científicos vienen advirtiendo hace tiempo que las temperaturas del océano están alterando la distribución de especies como el jurel. Y sinceramente cuesta entender cómo la actual legislación pesquera todavía no incorpora con suficiente fuerza este factor.

Ahí hay una deuda gigante. La Ley de Pesca necesita modificaciones. Sí, hay cosas que mejorar. Pero si no incorporamos el cambio climático, la investigación científica y la capacidad de anticiparnos a estas crisis, vamos a seguir reaccionando siempre tarde.

No puede ser que recién empecemos a preocuparnos cuando los barcos ya llevan semanas buscando pescado sin resultados.

La investigación científica tiene que tomarse en serio de una vez. No puede seguir siendo algo secundario. Se necesita más monitoreo, más estudios sobre el comportamiento del recurso, más tecnología y más coordinación entre científicos, trabajadores y sector productivo. Porque al final los que terminan pagando estas crisis son siempre las regiones.

Porque la ciencia no puede seguir funcionando como un informe que se guarda en un escritorio mientras las regiones productivas enfrentan solas las consecuencias.

Y aquí también hay un llamado claro a los parlamentarios del Biobío. Muchas veces aparecen cuando hay crisis, declaraciones o cámaras de televisión. Pero defender la pesca no puede depender solamente de la contingencia. Esta región necesita representantes que entiendan que cuidar esta actividad también es proteger empleo, desarrollo regional y estabilidad para miles de familias.

Mientras algunos siguen discutiendo la pesca desde Santiago, acá estamos quienes vivimos de esto todos los días, arriba de un barco, en una planta o en un puerto, viendo cómo el mar viene cambiando hace años y cómo seguimos llegando tarde. Lo que necesitamos no son discursos ni aparecer solamente cuando hay crisis. Necesitamos certezas, estabilidad y una legislación que de verdad entienda lo que está pasando en el mar y proteja a las miles de familias que dependen de esta actividad en el Biobío.

Revista Digital

Juan Carlos González

Presidente del Sindicato de Patrones de Pesca y miembro del Personal Embarcado Industrial del Biobío

Lo último del mes

Lo más leído

Revista Digital