El reciente cambio en la política de combustibles impulsado por el gobierno del Presidente José Antonio Kast abrió un nuevo escenario para sectores intensivos en energía, como la salmonicultura. La modificación del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco), según ha planteado la autoridad, busca sincerar con mayor rapidez los valores internos de los combustibles y reducir la presión fiscal asociada al sistema.
La Comisión Nacional de Energía indica que el Mepco fue creado por la Ley N° 20.765, publicada el 9 de julio de 2014, con la finalidad de estabilizar los precios de venta internos de los combustibles incluidos en la Ley N° 18.502. En términos generales, operaba mediante incrementos y rebajas a los impuestos específicos, a través de un componente variable —positivo o negativo— que se sumaba al componente base para combustibles como gasolina automotriz, petróleo diésel, gas natural comprimido y gas licuado de petróleo. Su funcionamiento consideraba una comparación entre el precio de paridad de importación y una banda de precios de referencia, junto con una segunda etapa radicada en el Ministerio de Hacienda.
En la práctica, el mecanismo amortiguaba parte de las fluctuaciones internacionales, repartiendo en el tiempo los efectos de las alzas y bajas del mercado externo. Con los cambios introducidos por el Ejecutivo, esa capacidad de amortiguación se redujo, permitiendo que las variaciones internacionales se reflejen con mayor rapidez en el mercado local.
En el caso de la salmonicultura, el impacto trasciende el precio del diésel. La actividad depende del transporte marítimo, terrestre y aéreo; de la operación permanente de centros de cultivo; de plantas de proceso; y de una red de proveedores que también consume energía a lo largo de toda la cadena.
Por eso, el cambio al Mepco empezó a ser leído por el sector no sólo como un mayor costo, sino también como un factor que podría incidir en competitividad, planificación e inversión.
Un costo que comienza a internalizarse
Desde una mirada económica, el director de la carrera de Ingeniería Comercial de la Universidad San Sebastián sede De la Patagonia, Pablo Chandía, plantea que el primer efecto es que el costo del combustible pasa a reflejarse en la estructura operacional de las compañías.
En entrevista con Revista AQUA, el académico explica que “la eliminación del Mepco representa una transición hacia un mercado de combustibles más transparente y alineado con los precios internacionales. Para la salmonicultura, esto se traduce en que el costo del diésel deja de estar suavizado por el Estado, integrándose plenamente como un costo variable directo en la operación. Si bien esto genera una presión inmediata en la estructura de costos, fomenta una gestión financiera más rigurosa, con impactos que podrían rondar entre un 2% y 4% en el costo total de producción por kilo”.
La observación abre uno de los ejes centrales del debate; cuánto puede pesar este ajuste dentro de una industria cuyos márgenes están influidos por otras variables, como el precio internacional del salmón, el tipo de cambio, el costo logístico y las condiciones sanitarias y regulatorias en que opera el sector.
En esa línea, Chandía sostiene que el cambio también debiera ser leído como una señal sobre la competitividad futura. “Debe entenderse como un cambio estructural hacia una economía más sana y responsable. La eliminación de mecanismos de estabilización es una señal clara de que el país avanza hacia sincerar sus variables económicas, eliminando distorsiones que a largo plazo pueden afectar las arcas fiscales. Para la salmonicultura, este cambio no es un retroceso, sino una invitación a evolucionar”.
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Fotografía: Andes Integración Logística