Acuicultura: De práctica ancestral a pilar mundial de la alimentación

Un análisis del Dr. Héctor Luis Morales recorre el desarrollo histórico de la actividad, su expansión global y sus principales desafíos sociales y ambientales.

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Los antecedentes de la acuicultura se remontan a prácticas desarrolladas durante siglos, desde la cría de peces en China hasta el cultivo de ostras, mejillones y algas en Asia y Europa. Sin embargo, fue hacia fines del siglo XX cuando la actividad comenzó a expandirse masivamente y adquirió una dimensión mundial.

Así lo plantea el Dr. Héctor Luis Morales, doctor en Sociología por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Durante su trayectoria fue académico de la Universidad Técnica Federico Santa María, la Universidad Veracruzana de México y la Universidad de La Serena, además de asesor de la Confederación de Pescadores Artesanales de Chile. En “Acuicultura: medio siglo de surgencia”, emplea el concepto de “surgencia” en un sentido histórico: como la aparición y consolidación progresiva de una actividad que pasó desde experiencias aisladas y tradicionales hasta alcanzar una difusión universal.

Desde la recolección hacia el cultivo

Morales sitúa el origen de la acuicultura dentro de un cambio más amplio en la relación de las sociedades con la naturaleza. Así como la agricultura reemplazó progresivamente la recolección de especies silvestres por el manejo de la siembra, el crecimiento y la cosecha, la crianza acuática incorporó control sobre la selección, reproducción y desarrollo de distintas especies.

“La transición desde la ‘caza’ y la ‘recolección’ hacia el ‘cultivo’ fue un cambio de ‘lógica’ en el manejo de los recursos. En la primera lo primordial era el conocimiento del desplazamiento de las presas y el manejo de armas o instrumentos de caza, no se ocupaban de sus fases vitales, las cuales lo atendían las condiciones de la naturaleza”, explica.

Entre los antecedentes históricos menciona el manejo de carpas en estanques en China y el cultivo elemental de ostras en Japón y Francia. También aborda la agropiscicultura, que combina cultivos acuáticos con actividades agrícolas y ganaderas y que alcanzó un desarrollo relevante en Asia.

Los hitos de la “revolución azul”

El documento identifica tres impulsos para la expansión moderna de la actividad. El primero fue el trabajo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), mediante investigaciones, publicaciones y programas orientados a anticipar los límites de la pesca de captura y promover el cultivo de especies acuáticas.

El segundo correspondió a una investigación impulsada por el Congreso de Estados Unidos durante la década de 1970 y liderada por el Dr. John Bardach. El tercero estuvo asociado a los planes desarrollados en China, Filipinas e Indonesia para extender masivamente los cultivos, principalmente en aguas continentales y vinculados con la agricultura y la ganadería.

A partir de esas experiencias surgieron programas públicos con objetivos productivos y sociales, proyectos empresariales de gran escala y una acuicultura campesina o de pequeña escala. Los salmonídeos se desarrollaron especialmente en Noruega, Japón, Norteamérica y Chile, mientras otros países avanzaron en el cultivo de mitílidos, ostras, algas, tilapia, silúridos y camarones.

Producción acuícola de animales supera a la pesca de captura

La dimensión de esta transformación queda reflejada en las cifras de FAO citadas en el texto. En 2022, la producción pesquera y acuícola mundial alcanzó un récord de 223,2 millones de toneladas: 185,4 millones correspondieron a animales acuáticos y 37,8 millones a algas.

La producción acuícola totalizó 130,9 millones de toneladas, compuestas por 94,4 millones de toneladas de animales acuáticos y 36,5 millones de toneladas de algas. Por primera vez, la producción de animales acuáticos procedentes de la acuicultura representó el 51% y superó a la pesca de captura.

El 89% de la producción total de animales acuáticos se destinó al consumo humano. A su vez, el consumo aparente per cápita de alimentos acuáticos de origen animal aumentó desde 9,1 kg en 1961 hasta 20,6 kg en 2021.

En 2022, las exportaciones de productos acuáticos de origen animal generaron US$192.000 millones y representaron el 38% de la producción total. En términos de valor, anotaron un crecimiento de 19% frente a 2019.

Asia concentró el 70% de la producción mundial de animales acuáticos. China se mantuvo como el principal productor, con un 36%, seguida por India, con 8%; Indonesia, con 7%; Vietnam, con 5%; y Perú, con 3%.

El sector primario de la pesca y la acuicultura empleó ese año a 61,8 millones de trabajadores a tiempo completo, parcial u ocasional. Asia reunió al 85% de esa fuerza laboral y al 95% de los acuicultores.

En el 66% de los datos que contaban con desglose por sexo, las mujeres representaban el 24% de quienes se desempeñaban en pesca y acuicultura, pero alcanzaban el 62% entre los trabajadores de la elaboración. El documento también advierte la persistencia de problemas vinculados con las diferencias salariales, el insuficiente reconocimiento de la contribución femenina y la violencia de género.

La experiencia chilena

En Chile, los primeros cultivos de salmonídeos fueron introducidos a comienzos del siglo XX en los centros piscícolas de Río Blanco, en Los Andes, y en la estación piscícola de Lautaro, en La Araucanía. Desde estos centros se sembraron ejemplares en canales, ríos, embalses y lagos del país.

Durante las décadas de 1960 y 1970, el Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap) y el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) impulsaron programas en favor de la actividad pesquera, especialmente con grupos de pescadores artesanales y organizaciones cooperativas.

El texto señala que la producción acuícola chilena alcanzó 1,503 millones de toneladas en 2023. Los salmónidos concentraron el 72,5% y los mejillones el 25,9%, reflejando el peso adquirido por ambos sectores dentro de la estructura productiva nacional.

El análisis también destaca la concentración territorial de la mitilicultura en la Región de Los Lagos. Parte de los antecedentes comerciales incorporados en el documento, sin embargo, corresponde a registros históricos de 2006 y a proyecciones formuladas para los años posteriores a ese periodo.

El equilibrio ambiental pendiente

Para Morales, la acuicultura ofrece oportunidades para valorizar espacios acuáticos, generar alimentos y crear empleo en zonas costeras y rurales. Su consolidación, sin embargo, también exige abordar los efectos atribuidos a sistemas intensivos y semiintensivos.

Entre ellos, el documento menciona los materiales sólidos no retirados de los sistemas productivos y los residuos alimenticios o químicos vertidos en las aguas, con potenciales impactos en los bordes costeros y los fondos de mares o lagos.

El autor reconoce los esfuerzos realizados por la salmonicultura y otros sistemas de producción acuícola —incluidos los cultivos de algas y moluscos— a través de medidas regulatorias y normas legales aplicables a estas actividades.

“La acuicultura se puede desarrollar en forma sustentable para generar alimento y empleo, y para mejorar el ingreso y la calidad de vida de las poblaciones rurales y urbanas combatiendo así el hambre y la pobreza”, sostiene el documento al abordar las lecciones que ofrece la experiencia china para otros países en desarrollo.

La “surgencia” de la acuicultura, concluye el análisis, no constituye solamente una transformación productiva o una materia de interés histórico y científico. También representa una contribución potencial a la alimentación y la generación de empleo, especialmente en zonas rurales, junto con el desafío de compatibilizar su desarrollo con el cuidado de los recursos y del ambiente natural.

Fotografía referencial: UCSC

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